El Miura sigue vivo

Una investigación descubre que el Lamborghini Miura P400 protagonista de una de las escenas de cine más famosas sobre coches de todos los tiempos, y que se creía desaparecido, todavía sigue «vivo» y en perfecto estado.

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Redacción

La escena se rodó hace casi 50 años a bordo de un Lamborghini Miura naranja corriendo a toda velocidad por las retorcidos firmes de los Alpes italianos, hasta que se empotraba contra un bulldozer estacionado deliberadamente en un túnel. Así empezaba la película Un trabajo en Italia, protagonizada por el actor ingles Michael Caine y que, además de la secuencia inicial, dejaba para la posteridad otra joya automovilística, la mítica persecución por la ciudad de Turín a bordo de tres Mini Cooper. Para muchos, una película de culto que todavía hoy se sigue emitiendo al menos una vez cada año en Inglaterra.

Volviendo a la primera escena, en el filme, el vehículo es despeñado por un barranco, un auténtico dolor para muchos aficionados al mundo de los clásicos teniendo en cuenta que es uno de los deportivos más valorados y queridos de la historia. Tras la película, a la unidad protagonista se le pierde la pista y no es hasta el 2015 cuando su actual dueño, un empresario inglés, dedicado a la venta y restauración de vehículos clásicos de alta gama, sospecha tras adquirirlo que puede ser el auténtico protagonista cinematográfico del filme rodado en 1968.

La escena famosa

Para la película, la productora Paramount Pictures, alquiló dos Lamborghini a la fábrica, una unidad recién salida de producción y otra accidentada y sin motor. Esta última serviría para realizar las escenas del siniestro y caída por el barranco; unidad que se cree que perteneció a un propietario iraní, quién había tenido un accidente semanas antes y la fábrica lo había recogido.

La escena se rodó con el Miura nuevo entre el 27 y el 30 de junio de 1968 en el puerto de montaña del Gran San Bernardo. Eso sí, la marca puso una condición y fue que solo podría conducirlo su propio piloto. Aunque en las escenas es el actor italiano Rossano Brazzi quién parece llevar el coche, realmente quien condujo fue el piloto Enzo Moruzzi, que en aquella época, antes de la entrega de cada Lamborghini a su primer dueño, se encargaba de verificar durante varios kilómetros que todo funcionase correctamente y realizar, además, un primer rodaje de asentamiento de las piezas de motor, algo esencial en aquella época.

 ¿Es el auto de la película?

Esta es la pregunta del millón, o mejor dicho de los dos o tres millones de euros que puede subir su cotización si se confirman los resultados de la investigación. En 2015 su actual dueño contrata a varios expertos investigadores en arqueología de vehículos para demostrar que es la auténtica unidad que formó parte del rodaje. El primer problema surge por falta de documentación escrita: la propia fábrica Lamborghini no tiene constancia documental de que el número de chasis que lucía, el 3586, fuese realmente el utilizado en el metraje. Las fábricas solo tomaban constancia escrita a partir de la venta.

Por otra parte, el piloto que realizaba las escenas de la película, que todavía sigue vivo, no puede corroborarlo de forma precisa. Ni siquiera los propios técnicos que pusieron las tres cámaras que llevaba el vehículo recordaban con precisión los detalles. Un rompecabezas complejo y para resolverlo haría falta algo más que un simple documento que lo acreditase. 

Las huellas dactilares

El enigma se resolvió mediante comparaciones entre los fotogramas de la película y el auto real. Encontraron varias coincidencias exteriores, pero podrían encajar con otros dos o tres vehículos iguales. Sin embargo, los expertos llegaron a la conclusión que era en su interior donde podrían realmente verificar la teoría. El cuero de los asientos y salpicadero, realizados completamente a mano, sería la llave del enigma. Los espacios entre costuras, las ondulaciones del cuero, las pequeñas grietas o las irregularidades de las perforaciones, representan en sí mismas las huellas dactilares o marcas de nacimiento, únicas e irrepetibles. Algo que felizmente pudieron confirmar. Existen las suficientes coincidencias para precisar que el interior pertenece al Lamborghini de la película. Sin embargo, la falta de datos escritos y precisos de la época que verifiquen su autenticidad dejan siempre algún beneficio a la duda y no todo el mundo puede estar de acuerdo con ello. Pero, mientras tanto, a las pruebas nos remitimos.

Superdeportivo y bello

La fábrica Lamborghini, con el Miura, revolucionó el concepto de deportivo de calle. Con una línea muy baja, ancha y ligera, unido a un motor muy potente lo convertiría en un icono de los superdeportivos equiparándose a los Ferrari, hasta ese momento inalcanzables. La casa italiana encargó su diseño exterior a la empresa Bertone, y en concreto al lápiz de Gandini quién deslumbró a todos los entusiastas del momento. Fue un éxito total. De las 762 unidades construidas en sus tres versiones entre 1966 y 1972 (P400, S y SV), la unidad que nos ocupa fue entregada a su primer dueño el 2 de julio de 1968, días después de realizar la escena de la película, quien lo tuvo hasta el 2005, aunque lo más sorprendente es que nunca supo que su flamante Lamborghini había sido protagonista de cine durante los cuatro minutos y medio que dura la primera escena del filme. En sus 49 años de existencia solo ha recorrido 19.000 kilómetros con sus cinco dueños, algo que aún lo hace más apetecible.

Estado original

En el 2011 se le puso el bloque motor nuevo debido a que el original estaba agrietado, aunque quien compre este auto se llevará dicho bloque de regalo. También se repintó en su color primigenio, el Arancio Miura (naranja miura), aunque en el filme parece rojo debido a las técnicas cinematográficas.

Sus doce cilindros y 350 caballos lo convierten en un auténtico animal salvaje sobre el asfalto. Su conducción no es fácil y no esta a la altura de todas las manos, otorgándole un carácter difícil de igualar. Todos los Miura son muy valorados, aunque este puede llegar a venderse por una cifra récord.

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