Lamborghini: un trabajo en Italia

Afrontar el diseño de carrocerías con el propósito de resolver las necesidades planteadas por cuestiones técnicas y funcionales antes que como un trabajo de estilo ha sido el paradigma de Marcello Gandini, uno de los más brillantes diseñadores de la historia de la automoción.


En el stand de Lamborghini en el Salón del Automovil de Turín de 1965 se exponía, junto al 350GT que la marca producía en aquella fecha, el esqueleto de su próximo proyecto: un robusto chasis sobre el que el motor de 12 cilindros en V se situaba transversalmente en posición central. Era el resultado del magnífico trabajo de los ingenieros Giampaolo Dallara, Robert Wallace -ambos provenientes de Ferrari- y Paolo Stanzani, que seguía la tendencia de motor central que comenzaba a imperar en los modelos de competición, como el Lola GT o el Ford GT40, pero consiguiendo colocar por primera vez el propulsor transversalmente en vez de longitudinalmente.

Aunque la innovadora propuesta de los ingenieros estaba destinada a los circuitos, la negativa de Ferruccio Lamborghini a desarrollar modelos de competición supuso que esta se aplicase a un modelo de serie, el proyecto P400 -P haciendo referencia a Posteriore, por la posición del motor, y 400 a sus 4 litros de capacidad-, para el que debería construirse una carrocería en consonancia. La mala situación que en aquellas fechas atravesaba Carrozzería Touring, que había desarrollado los Lamborghini 350GT y 400GT anteriores, y la relación de muchas de las grandes carrozzerías con otros fabricantes hizo que finalmente se encomendase el trabajo a Bertone, y el deseo de Lamborghini de presentar el nuevo modelo en el Salón del Automóvil de Ginebra en marzo del año siguiente, 1966, requirió que se completase en cuatro meses. El primer coche completo, pintado en un llamativo color naranja, se transportaba en un camión a través de los Alpes hacia la ciudad suiza, en la que, ahora con su denominación definitiva, Lamborghini Miura P400, se convertía en la sensación del Salón. Poco después sería el primer automóvil con motor central fabricado en serie, y el más rápido del momento, con una velocidad máxima próxima a los 280 kilómetros/hora.

De la espectacular carrocería, que incorporaba detalles como los faros abatibles rodeados de unas pestañas que en realidad proporcionaban ventilación a los frenos delanteros, o las rejillas de entrada de aire al motor integradas en las puertas, se había encargado en Bertone un joven diseñador recién incorporado a la empresa, Marcello Gandini, que había propuesto también los colores en que debía pintarse: naranja, verde manzana o amarillo, desechando el gris metalizado planteado por el fabricante.

Gandini, hijo de un pianista y compositor profesional, había nacido en Turín en 1938, y tras abandonar los estudios se dedicaría de forma autodidacta al diseño gráfico e industrial, comenzando su relación con el mundo del automóvil en 1959 con la transformación de un OSCA Barchetta. En 1963 solicitará sin resultado trabajo en Carrozzería Bertone, en la que entonces Giorgetto Giugiaro ocupaba el puesto de diseñador; pero con la marcha de este a Ghia dos años más tarde conseguirá incorporarse a la empresa. A su primer y reconocido diseño para el Miura seguirán una extensa lista de modelos, en la que sobresalen deportivos como el Alfa Romeo Montreal, los Lamborghini Espada, Jarama, Urraco y Countach, el Ferrari 308GT4 -el único Ferrari carrozado por Bertone-, el Fiat X 1/9, el Maserati Khamsin, o el Lancia Stratos, y cantidad de prototipos que nunca entrarían en producción, pero en la que se encuentran también modelos como el Innocenti Mini, el Fiat 132, la serie 5 de BMW o el Citröen BX, su último trabajo para Bertone.

En 1979 Gandini establece su propio estudio en una villa a las afueras de Turín, y durante sus primeros años como diseñador independiente colaborará especialmente con Renault en el desarrollo de interiores y carrocerías para sus modelos, incluyendo su división de camiones, pero volverá al diseño de deportivos con modelos como el Cizeta Moroder con motor V16 de 1988 o el Maserati Shamal de 1989. Será además reclamado de nuevo por Lamborghini para desarrollar el Diablo, que se presentará en el Salón del Automóvil de Chicago de 1990; diseñará para Bugatti el EB110 de 1991, y para DeTomaso el Biguá de 1996, que se comercializará como Qvale Mangusta. Como diseñador independiente, Gandini ha expandido su trabajo a otros ámbitos, desde la decoración de interiores hasta el desarrollo de relojes, lámparas o bicicletas.

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