¿Hay vida después de la píldora?

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No solo existe el preservativo. O la píldora. Anticonceptivos más seguros y eficaces para evitar un embarazo no deseado se encuentran a nuestro alcance e intentan hacerse un hueco en el mercado. Eso sí, para no contraer una ETS, la innovación sigue sin ser suficiente: hay que utilizar siempre el doble método.

22 ene 2017 . Actualizado a las 04:00 h.

La edad a la que las gallegas tienen su primera relación sexual ha descendido considerablemente en los últimos años. Tanto como lo hace el uso del preservativo -a pesar de continuar siendo el método más utilizado- en beneficio de los anticonceptivos hormonales. Al mismo tiempo que se produce este cambio de tendencia, la edad a la que las mujeres tienen su primer hijo se demora en Galicia hasta casi los 33 años, y pocas son ya las que se animan a tener más de un retoño. Problemas de conciliación aparte, las conclusión que se extrapola es que el sexo está cada vez más presente en nuestra vida; eso sí, como vía hedonista más que reproductiva. Sin embargo, y a pesar de que en España existen más de quince anticonceptivos, los métodos contraceptivos estrella siguen siendo el preservativo y la píldora, que por otro lado no son los más efectivos. ¿Por qué?

La edad no limita

«Posiblemente, el método más peligroso es aquel que no se usa», afirman desde la Sociedad Española de Contracepción. Un mensaje que va especialmente dirigido a las menores de veinte años, ya que son las jóvenes las que menos recurren al uso de anticonceptivos sin tener intención de quedarse embarazadas, y muchas de las que sí lo hacen desconocen el amplio abanico de opciones disponibles en España que, utilizándolas con el doble método -es decir, combinando un anticonceptivo hormonal, por ejemplo, con el uso de preservativo para evitar enfermedades de transmisión sexual- prácticamente garantizan un coito seguro.

El dispositivo intrauterino (DIU), sin ir más lejos, se encuentra en lo alto de la tabla de los anticonceptivos más seguros y, aún así, en España no lo utiliza ni el 7 % de las mujeres. «Antes de ponérselo el trato ha de ser personalizado, individualizado en función de variables como la edad, la paridad -número total de embarazos-, etc. Hay que establecer un control, pero no hay una edad mínima para ponerlo», explican desde la Asociación Española de Ginecología y Obstetricia.