Cuidan de la casa y de los niños, a tiempo parcial o completo. Medio millón de hombres en españa se dedica a «sus labores» y otros muchos, cada vez más, han aprendido que conciliar no es un verbo reservado para las mujeres
15 mar 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Casi medio millón. Esa es la cifra de hombres que, según la Encuesta de Población Activa (EPA), se dedican a las tareas del hogar en España. La crisis económica y el paro han contribuido a aumentar una cifra que sigue creciendo y confirma una tendencia irreversible, encajada en los raíles del camino hacia la igualdad real de género. Una gran mayoría de los nuevos amos de casa a tiempo total o parcial son también padres, y saben de primera mano lo que es volar del colegio a las actividades extraescolares o pensar qué preparan hoy para la cena.
Ellos sí que concilian. Como en el caso de Juan Tinaquero, «actor de doblaje por la mañana, músico por la noche y ?madre? las 24 horas». El martes a las ocho de la mañana entra en el estudio de doblaje. Hoy tocan dibujos animados, pero podría ser desde un documental a publicidad o porno gay. «Hacía más de un año que no doblaba dibujos; me gustan porque tienen su parte actoral, no es solo leer textos».
Esto lo explica tres horas más tarde, en su casa, de la que poco después de las diez de la mañana su mujer se marchó a trabajar a Santiago «y no vuelve antes de las nueve de la noche». Tienen un niño de once años y una niña de siete que hoy vienen a comer: «así que en cuanto acabemos voy a la compra y hacerles la comida». No lo hacen todos los días: «El año pasado decidimos que tenían que ir dos días al comedor del cole, porque si no mi vida era un desastre. En el estudio me pueden llamar a cualquier hora». El jueves por la mañana y el viernes por la tarde Tinaquero vuelve a tener doblaje, aunque el sector «está muy chungo porque con la llegada de las nuevas tecnologías se han creado muchos estudios y para las empresas que se dedican a esto ha sido un palo muy grande». Matiza que hace doblaje al castellano.
Los lunes y miércoles los niños se quedan en el comedor «pero el lunes tengo que recogerlos a las tres y media porque el niño entra en conservatorio a las cuatro y la pitufa en ballet a las cinco y media. El niño sale del conservatorio a las siete y la niña sale de ballet a las siete. Entonces tengo que estar haciendo rondas, me pongo notas para no olvidarme». Alguna vez se olvidó, cuando la cría estaba en la guardería: «Volvíamos de Bueu de un concierto del grupo de música infantil Tic-Tac y me llamaron de la guardería. Me había olvidado de avisar que no podía ir a recoger a la niña».
Hoy es martes así que «solo tengo que llevar al niño al entrenamiento y lo recoge mi mujer, pero el miércoles tengo que llevarlo y quedarme allí, porque vamos en bus y no me compensa volver». Para Tinaquero, «lo de amo de casa es un concepto pasado: las cosas de casa hay que hacerlas y las tiene que hacer quien está en casa y si estoy más tiempo en casa pues tendré que hacer más cosas: recoger a los niños, hacer la comida y cuando está ella hará lo que pueda. Esto es un encaje de bolillos».
Y es que este músico contrabajista va a ensayar o actuar por las noches: «El lunes ensayo en el Garufa, el martes ensayamos delante de casa. Me alquilé un local ahí porque prefiero gastar dinero y ganar tiempo a perder tiempo y dinero. Los viernes por la mañana ensayo ahí con los Blues Makers». El resumen es: «tengo ensayos seguros lunes, martes y viernes por la mañana, actuaciones viernes por la noche y sábado por la noche y luego cualquier ensayo que surja lo tengo que meter entre las convocatorias de doblaje, los horarios de las actividades de los niños y que no se pisen los otros ensayos».
La conclusión es que le falta tiempo para todo, «y lo que más echo de menos es que hace no sé cuanto tiempo que no leo un libro o escucho música, de la que no tengo que aprender. Leer y escuchar música es algo que echo mogollón de menos». Como cualquier ama de casa y por eso bromea «yo celebro el día de la mujer trabajadora».
JORNADA PARTIDA
Cuando Susi viaja Alberto Vilariño queda al mando de la casa. Levanta a sus dos hijos, Raúl y Helena, de siete y tres años respectivamente, desayunan y los lleva con él al trabajo de ocho a nueve y cuarto de la mañana. Hasta que el cole abre. Luego los acerca a clase y vuelta a la faena. Al mediodía toca preparar la misma maniobra, ¡y la comida! Un rompecabezas diario para encajar horarios. «Soy carnicero a jornada partida y la verdad es que esto no sería posible sin la comprensión de mi jefa». También de los niños, admite, que nunca protestan. Están más que habituados a los madrugones y a los trasiegos matutinos en la tienda. «Les encanta porque aquí tengo sus tablets, sus pinturas», comenta. De las actividades extraescolares también se encarga él. «Van a piscina e inglés. Cada una dos veces a la semana», explica este padre de A Coruña. Su mujer es coach y durante el día suele estar fuera. Los tiempos no están para renunciar a ninguno de los dos trabajos y más con hijos. Cada día hacen ingeniería para arreglárselas. «El hombre puede ser perfectamente amo de casa. Es injusto para la mujer llegar de trabajar y encontrarse con su marido en el sofá. Sobre todo cuando él está en el paro y, desgraciadamente, hay muchos en ese caso», apunta. «No se trata de ayudar. Las tareas domésticas no son propiedad de nadie. Cada uno hace su parte. Así se lo enseño a mis hijos, recogen lo que descolocan en su cuarto de juegos. El esfuerzo es de todos». Eso sí, al llegar el fin de semana? «esos dos días se los dedicamos totalmente a ellos». En el fondo, padres y madres todoterreno como ellos lo hacen sin descanso de lunes a domingo.