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¿Mienten por interés o es una enfermedad? Aunque en algunos casos pueda haber objetivos económicos o planes premeditados, lo cierto que es que detrás de las mentiras compulsivas de la actriz Anna Allen o el pequeño Nicolás podría estar un trastorno conocido como pseudología fantástica, que busca generar admiración en las personas que les rodean


Nuestras abuelas le llamarían Antoñita la fantástica, y todos conocemos a alguna (o alguno). Pero lo cierto es que la actriz Anna Allen, que esta semana ha sido noticia por haberse inventado una parte importante de su biografía profesional, simulando incluso haber estado en la ceremonia de los Oscar, podría ser una representante más de una «patología» conocida como pseudología fantástica. Dicen los expertos que quienes la sufren son personas que «mienten compulsivamente, tratando de forjar ante los demás una personalidad brillante y destacar, con la intención de generar admiración a su alrededor». Este trastorno se relaciona, en general con una baja autoestima y una necesidad muy alta de reconocimiento, lo que hace que las personas comiencen a mentir para obtener el refuerzo inmediato de ser reconocidos socialmente y, una vez que comprueban que esto les funciona y se sienten bien, comienzan a hacerlo de forma compulsiva. «Es como una adicción», y esto quiere decir que, al igual que un ludópata o un drogadicto, las consecuencias que puedan tener sus actos son lo de menos, incluso aunque causen a su alrededor decepción entre sus seres queridos. 

De Anna Allen se ha hablado mucho esta semana. Se convirtió en trending topic con mentiras como su supuesta intervención en series americanas como The big bang theory, o su trabajo como embajadora de varias marcas, en alguna de las cuales compartía proyectos con Estefanía de Mónaco.  La actriz llegó a pedir prestada ropa y joyas para su supuesta intervención en la gala de los Oscar. Algunas firmas esperaban a que esta semana devolviera lo prestado. En realidad, muchos piensan que realmente esta actitud no es más que una estrategia para salir en la prensa. Si es así, lo ha logrado, ¿pero la contratarán después de esto?

Vidas inventadas

Si repasamos la historia reciente, y no tan reciente aparecen multitud de casos de mentirosos patológicos que hallaron beneficio en inventarse una vida. Desde el ultramediático pequeño Nicolás hasta el sindicalista catalán Enric Marco, que durante años mantuvo la farsa en la que aseguraba que había estado en un campo de concentración en la Segunda Guerra Mundial. Después de que el historiador Benito Bermejo descubriera su caso Marco aseguró que así la gente le escuchaba más y el trabajo divulgativo era «más eficaz». También se hizo pasar por víctima, pero en este caso del 11-S, Alicia Esteve, que llegó incluso a presidir una asociación. 

Dicen que para recaudar más fondos en su cruzada contra la explotación sexual, la activista camboyana Somaly Mam, premio príncipe de Asturias de Cooperación, se inventó una durísima infancia en la que explicaba que había sido criada por un abuelo malvado y vendida después a un hombre con el que se casó de forma forzosa a los 13 años. ¿El fin justifica los medios? En este caso parece que a Mam se le fue la mano, y fue obligada a dimitir de su cargo. 

Ana Allen

La actriz se hizo famosa por su papel en las primeras temporadas de la serie «Cuéntame». Esta semana ha vuelto a estar de actualidad tras descubrirse varios montajes preparados por ella misma e incluso entrevistas en medios de comunicación en las que anunciaba y hablaba de trabajos en series americanas en las que nunca llegó a participar. 

El pequeño Nicolás

Durante años engañó a políticos y representantes institucionales, «se coló» en actos y posó junto a  numerosas autoridades.

Alicia Steve

Utilizó el nombre de Tania Head para hacerse pasar por superviviente de los atentados del 11 S. Aseguró que se encontraba en el piso 78 de la torre sur en el momento exacto de la explosión.

Enric Marco

En el 2005 se descubrió que este sindicalista catalán falseó los datos de su biografía para aparecer como superviviente en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. El escritor Javier Cercas lo convirtió en protagonista de su última novela, «El impostor». «Lo hice porque pensaba que era necesario», dijo Marco. 

Anna Anderson

En febrero de 1920 Anna Anderson fue rescatada del suicidio en las aguas berlinesas del río Spree. Entonces comenzó a decir que realmente era Anastasia Romanov, una de las hijas del zar Nicolás II. Se pasó toda su vida intentando demostrar su teoría hasta que, después de muerta, se confirmó que era realmente una obrera polaca con un trastorno mental. 

Somaly Mam

La activista camboyana, premio Príncipe de Asturias en 1998, tuvo que dimitir de la presidencia de su fundación después de que se descubriese que había mentido sobre su infancia para lograr financiación para su proyecto. LLegó a inventarse que su hija había sido secuestrada y violada.

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