El hombre que mató a su mujer porque sospechaba que se quería divorciar, tras desprenderse del velo, acepta 41 años de cárcel

Redacción AGENCIAS

ESPAÑA

El acusado, en la vista de este lunes, mató a su mujer e intentó hacer lo mismo con sus tres hijos
El acusado, en la vista de este lunes, mató a su mujer e intentó hacer lo mismo con sus tres hijos Raquel Manzanares | EFE

Tras causar una agonía larga y dolora a su esposa, Salwa, el procesado llevó a sus tres hijos a un río donde intentó matarlos. Todos eran refugiados libaneses

09 feb 2026 . Actualizado a las 16:47 h.

El marido de Salwa, la mujer refugiada asesinada en su domicilio de Logroño en julio de 2023, ha aceptado una condena de 41 años y tres meses de prisión por asesinato (por el que le imponen 22 años y seis meses) y por tres delitos de intento de homicidio de sus hijos (18 años en total), tras una vista en la que las partes alcanzaron un acuerdo de conformidad este lunes que implica una rebaja de la pena y que el procesado se declare culpable (el Ministerio Fiscal pedía 52 años de cárcel para el procesado). Además, el hombre deberá cumplir nueve meses de cárcel por un delito de maltrato habitual en el ámbito familiar, aunque le aplican varias antenuantes entre las que figuran la confesión y la reparación del daño. En concepto de responsabilidad civil, el condenado deberá pagar 1,4 millones de euros a los familiares de la víctima. Así se ha saldado la vista celebrada en el Tribunal Superior de Justicia de La Rioja

Tras conocer el pacto, el abogado del acusado, Alfredo Arrién, aseguró que ha sido «un éxito» y entiende que «una vez cumpla con la mitad de la condena podrá acceder, si sigue con el mismo comportamiento, a la libertad provisional». Por su parte, la abogada de la acusación particular, Laura Ramírez, se mostró conforme con el acuerdo porque, según declaró ante los medios, «era muy importante honrar a Salwa y, sobre todo, que se hiciera justicia con ella. El reconocimiento del asesinato con todas las agravantes ha sido fundamental».

Ramírez explicó que «la lectura de todo el plan preconcebido, la alevosía y el ensañamiento propiciados por el acusado ha sido muy dura de leer en sala, pero era necesario que constara en la sentencia». Lo mismo sucede, añadió, «con respecto a los tres niños; para nosotros, que el padre reconociera que quiso matar a sus hijos también es importante».

«Para la familia era fundamental que reconociera todos los hechos para poder alcanzar un acuerdo, por lo que estamos muy satisfechos. Nada reconforta jamás porque tres niños han quedado huérfanos, pero al menos estamos conformes con el resultado», concluyó.

«No ha sido un pacto de conformidad sino una rendición»

Por su parte, la letrada de la Asociación Clara Campoamor, María Victoria de Pablo, asegura que «no ha sido un pacto de conformidad sino una rendición por parte del acusado». Según De Pablo, este ha admitido que «asesinó a Salwa por el hecho de ser mujer y en el marco de su relación matrimonial». En ese sentido, consideró «importante que haya reconocido la tentativa de homicidio de sus hijos, porque el primer relato era que se quería suicidar y que quería que lo vieran». Como asociación en defensa de los derechos de la mujer y del niño, añadió que era necesario que «reconociera el maltrato habitual, físico y psicológico, al que tenía sometida a su mujer».

Finalmente, De Pablo subrayó que durante la sesión de este lunes «el acusado no ha pedido perdón» y recordó que no podrá comunicarse con sus hijos por ningún medio, «algo vital para el desarrollo de los menores».

Los hechos

Según el escrito del fiscal, al que ha tenido acceso Europa Press, el acusado llegó a España en junio de 2016 como refugiado desde el Líbano, procedente de Siria, acompañado de su mujer y sus tres hijos. La familia residió en un centro de refugiados antes de trasladarse a un domicilio de la plaza Martínez Flamarique de Logroño.

A partir de ahí, explica el texto, la evolución del matrimonio siguió senderos distintos: ella quiso formarse, se desprendió del pañuelo y buscó empleo. El acusado empezó a sospechar que su mujer pensaba divorciarse y llevarse a los niños a Alemania, donde vivían los abuelos maternos.

«Dispuesto a no consentirlo jamás», indica el Ministerio Fiscal, el acusado lo preparó todo para matar a su mujer y a sus hijos mientras estos estuvieran fuera de casa. Tras llevar a los niños a la biblioteca Rafael Azcona, volvió al domicilio y golpeó violentamente a Salwa en la cabeza con un objeto decorativo. Después, le propinó multitud de cuchilladas. El fiscal destaca que la muerte de Salwa tuvo lugar en medio de una «dolosa agonía innecesariamente alargada» por las reiteradas heridas en zonas no vitales.

Una vez consumado el crimen, el hombre se cambió de ropa y fue a por los niños. Los llevó en autobús hasta la ribera del río Ebro e intentó arrojar al agua al menor, de ocho años, sabiendo que no sabía nadar. El niño logró zafarse y huir para pedir ayuda. El acusado arrojó entonces al río a los otros dos hijos (de nueve y once años), que resultaron indemnes gracias a la intervención de las personas alertadas por el pequeño.