La tragedia de los amigos David y Rubén

La explosión de gas en Madrid acabó con la vida de ambos amigos, al igual que con la de un trabajador del edificio de enfrente y con la de un viandante de nacionalidad búlgara

Varios expertos comprueban los daños ocasionados tras la explosión registrada ayer en el número 98 de la madrileña calle Toledo
Varios expertos comprueban los daños ocasionados tras la explosión registrada ayer en el número 98 de la madrileña calle Toledo

Redacción

David Santos, de 35 años, operario del Metro de Madrid y con conocimientos de electricidad, acudió ayer miércoles a la parroquia Virgen de la Paloma a ayudar su amigo Rubén Pérez de Ayala y a los demás curas del edificio a arreglar una avería de la caldera.

La explosión de gas que ayer sacudió el centro de Madrid acabó con la vida de ambos amigos, al igual que con la de un trabajador del edificio de enfrente y con la de un viandante de nacionalidad búlgara, una tragedia que conmocionó a la ciudad y dejó en estado de shock a la congregación Camino Neocatecumenal a la que David y Rubén pertenecían.

Asiduo visitante de la iglesia, situada en el número 98 de la calle Toledo, junto con su mujer y sus cuatro hijos, David tomó confianza con el sacerdote Rubén y durante un largo período tiempo mantuvieron una estrecha amistad.

En el momento de la explosión, poco antes de las tres de la tarde de ayer, ambos se encontraban en el edificio junto con el párroco, Gabriel Benedicto, y el sacerdote Alejandro Aravena, que se encuentran en buen estado, según ha explicado el Arzobispado de Madrid.

Rubén, de 36 años, acababa de comenzar su carrera como sacerdote en la parroquia hacía tan sólo 7 meses y fue formado y ordenado en el Redemptoris Mater, que pertenece a la congregación Camino Neocatecumenal.

Tras la explosión, fue trasladado de urgencia al Hospital La Paz donde, tras varias operaciones, ha fallecido esta madrugada tras recibir, por parte de su hermano, también cura, la unción de los enfermos.

Condolencias del papa Francisco

Para paliar el dolor, toda la comunidad parroquial y los fieles vinculados a la Paloma están apoyándose entre ellos y, cuentan desde el Arzobispado, han recibido a través de Telegram un mensaje de condolencias del papa Francisco.

También en Camino Neocatecumenal sienten una «profunda tristeza», que se ha incrementado aún más con la noticia de la pérdida del sacerdote en la madrugada de este jueves. La tragedia podría haber sido incluso peor, ya que, en la hora de la explosión, el edificio estaba poco transitado. «Por la tarde hubiera sido una desgracia aún mayor», detallan fuentes de la congregación a Efe.

El horario de mayor afluencia de gente es a primera hora de la mañana y a las ocho de la tarde por las actividades que organizan en este centro. Ese edificio congrega a diario a varias decenas de personas pero, debido a la crisis sanitaria del coronavirus, desde hacía unos meses estaba menos concurrido.

Además de ofrecer misa, la iglesia, que ahora está prácticamente destruida, ofrecía cursos de catequesis y servicios para los colectivos más desfavorecidos. En los próximos días se celebrará el funeral en la intimidad de la familia, según han informado a Efe fuentes del arzobispado.

Asciende a cuatro el número de fallecidos por una potente explosión en la calle Toledo de Madrid

Fran Balado
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El último fallecido es un sacerdote que estaba hospitalizado y que, en el momento del accidente, se encontraba revisando el estado de la caldera de gas del edificio

Al menos cuatro muertos y una decena de heridos. Es el balance de víctimas tras las dos grandes explosiones que al filo de las 15 .00 horas de este miércoles sacudieron el número 98 de la calle Toledo de Madrid, en el barrio de La Latina, y que hicieron volar casi al completo las cuatro plantas superiores de las seis de las que consta el edificio. La última víctima falleció esta madrugada; se trata de un sacerdote que se encontraba ingresado en el Hospital de La Paz con quemaduras de carácter grave. Todos los indicios de los investigadores apuntan a que la deflagración se debió a un escape de gas mientras se realizaban trabajos de reparación en una caldera del centro parroquial de la iglesia de la Virgen de la Paloma.

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