Un error por triplicado


Nadie en su sano juicio se imagina que Macron no puede visitar Córcega o que la reina Isabel no pueda veranear en Balmoral, en la independentista Escocia. Los difíciles equilibrios de Pedro Sánchez para mantenerse en el poder hacen que las concesiones a los secesionistas se sucedan en busca de los necesarios votos para sacar adelante los Presupuestos y darle estabilidad a la débil coalición de Gobierno.

Solo así se entiende (primer error) que se negara el permiso para que Felipe VI acudiera al acto de entrega de los despachos a la nueva promoción de jueces con la peregrina excusa de su cercanía al 1-O y a la proclamación de la sentencia de inhabilitación de Quim Torra.

Y solo se explica por el miedo a las encuestas (segundo error) que a la semana siguiente Sánchez y sus asesores tuvieran que improvisar un acto para aparentar una cercanía a Felipe VI que sus socios de coalición se empeñan en dinamitar cada día.

El tercero de los errores es refugiar al rey en un acto intrascendente en una zona vallada de Barcelona porque un millar de radicales —jaleados por Colau, Torra y otros amigos con dudosos antecedentes— decide que el jefe del Estado no puede visitar una parte del mismo. Que ese millar de violentos se impongan a los cientos de miles de catalanes que quieren vivir en paz y pelear contra la pandemia es el cuarto error que, por lo que parece, el Gobierno parece dispuesto a cometer para salvar los apoyos de unos aliados que ya han demostrado ser de todo menos fiables.

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