Los expertos recomiendan la exhumación de Primo de Rivera

El fundador de Falange ocupa una posición preferente ante el resto de inhumados pese a haber muerto también durante la Guerra Civil


redacción / la voz

Primo de Rivera se queda solo en el Valle de los Caídos tras 44 años de pétrea compañía. La exhumación de Francisco Franco deja al fundador de Falange como el único inhumado de la basílica ocupando un lugar destacado, un privilegio que contrasta con el objetivo inicial de la creación del enorme mausoleo en el que se acabó convirtiendo en honor al dictador. 

La Comisión de Expertos para el Futuro del Valle de los Caídos, creada por el Consejo de Ministros del 27 de mayo de 2011 -con José Luis Rodríguez Zapatero como presidente-, entregó un informe a Presidencia en noviembre de ese año en el que recogía la «incongruencia» de enterrar al dictador en el templo. Según explica el documento, el «sentido primitivo» de la construcción del Valle de los Caídos era acoger, únicamente, los restos de fallecidos durante la contienda. La comisión de expertos, formada por trece miembros entre los que se encontraban Ramón Jáuregui, Miguel Herrero de Miñón, Amelia Valcárcel o Reyes Maté, proponía retirar los restos del dictador y trasladarlos «a un lugar que sea considerado digno y más adecuado».

Primo de Rivera, en el Valle pero no destacado

Hace un año, cuando el Gobierno de Pedro Sánchez anunció su intención de exhumar a Franco del Valle, la vicepresidenta Carmen Calvo fue preguntada por el futuro de los restos de José Antonio Primo de Rivera. La ministra explicó que «su permanencia está justificada» por ser una víctima de la contienda. «Vamos a ir a lo urgente: exhumar los restos de Franco», zanjó entonces la ministra.

El primogénito del dictador Miguel Primo de Rivera fue ejecutado el 20 de noviembre de 1936, cinco meses después del inicio de la Guerra Civil, por lo que se suma a la enorme lista de fallecidos durante el conflicto. Los restos del falangista fueron trasladados a la basílica desde el monasterio de El Escorial en 1959, año en el que se inauguró el monumento, junto a otras 11.328 víctimas mortales. A partir de ese año, y hasta 1983, el Valle de los Caídos se convirtió en el mayor cementerio de la Guerra Civil con 33.847 cadáveres inhumados, según los datos del registro que constan en Patrimonio, aunque el informe de expertos advierte de que el número podría ser superior.    

Retirada de la placa Primo de Rivera del Malecón, en Ribeira
Retirada de la placa Primo de Rivera del Malecón, en Ribeira

Un decreto ley aprobado en 1957 establecía que el espacio serviría de «magno documento destinado a perpetuar la memoria de los Caídos en la Cruzada de Liberación», en referencia a las filas del bando sublevado, aunque terminaron por acogerse también restos de soldados republicanos ejecutados en zonas de retaguardia y que habían sido depositados en fosas comunes. 

El informe indica que «toda víctima es víctima, independientemente del campo en que se halle». Los expertos reclaman la «igualdad y centralidad de las víctimas», lo que cuestiona la permanencia de Primo de Rivera en su actual sepultura, frente al altar mayor del templo. «A juicio de esta Comisión, esta ubicación preferente quiebra el igual tratamiento debido a los restos de todas las personas allí enterradas», subraya la comisión. 

En el apartado de recomendaciones, los analistas reconocen las «dificultades de revertir la situación» de las sepulturas de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera. Sobre el dictador, sugiere trasladar los restos al lugar que designe la familia o a un lugar que el Gobierno considere «digno y más adecuado». En el caso del fundador de Falange, la comisión entiende que su cuerpo «no debe ocupar un lugar preeminente en la Basílica» dada la «igual dignidad de los restos de todos los allí enterrados».

Otra de las advertencias del informe es que «el Gobierno que estime oportuno» el traslado de los restos, deberá hacerlo con la «dignidad que requiere la inhumación de un Jefe de Estado». En esta línea, pide que el traslado de los restos se debata en el Congreso para contar «con el más amplio consenso parlamentario», un marco alejado del actual. 

«Explicar y no destruir»

Los expertos responsables del estudio abogaban por abordar un proceso de «resignificación» del enclave que ya auguraban muy complejo, bajo el precepto de «explicar y no destruir» el conjunto. Reconocen, sin embargo, que la enorme cruz de 150 metros de altura y la basílica fueron levantadas como una memoria «de parte» y «excluyente», pese a albergar los restos de muchos republicanos fusilados inhumados allí junto a soldados del bando nacional.

En agosto del año pasado, el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ratificó su intención de crear una Comisión de la Verdad sobre la Guerra Civil y el franquismo y propuso que el Valle de los fuese reconvertido en un cementerio civil. La decisión del líder socialista distaría de lo que propuso su grupo en el Congreso en diciembre del 2017, cuando apostaban por reconvertir el complejo «en un centro nacional de memoria impulsor de la cultura de la reconciliación, la memoria colectiva democrática y la dignificación y reconocimiento de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura con programas culturales, museísticos y de investigación». 

La alternativa propuesta por Sánchez es debatir en el Congreso la posibilidad de llevar adelante una iniciativa como la creación de un museo de la memoria, a semejanza del que existe en Chile.

La comisión de expertos alertaba de que «el deterioro de las criptas y de los columbarios, unido al volumen de restos enterrados, hace prácticamente imposible como norma general la identificación individualizada», cifrando la inversión necesaria en unos 13 millones de euros. Entre los años 2012 y 2017, el Gobierno invirtió 1,8 millones de euros para la restauración del Valle, según recoge la agencia Europa Press.

¿Qué hacemos en el Valle?

Me preguntaba un periodista estos días si me emocionaba la exhumación de Franco. Yo le dije: «Me parece simplemente el fin de una anomalía frente a la historia, y, por su puesto, el fin de un borrón de España ante el mundo. Nadie lo entiende. Pero mis emociones vendrán cuando transformemos el Valle en un lugar de memoria reconciliada, en un memorial para las víctimas, como símbolo del gran acuerdo de la Transición». La exhumación es solo una condición necesaria para la resignificación de ese lugar que Franco ideó para honrar a sus «caídos» y que se acabó convirtiendo en un mausoleo del dictador concebido bajo el canon del nacional-catolicismo. 

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