Las llegadas de inmigrantes por mar a España ya superan las registradas en todo el 2017

El Estrecho se ha convertido en la principal ruta de entrada, por delante de Italia y Grecia

A. Azpiroz
redacción / la voz, colpisa

Las estadística revelan que la zona del Estrecho de Gibraltar se ha convertido en el principal punto de acceso por mar que utilizan las mafias para introducir ilegales en Europa. Casi 23.000 personas -22.858 hasta el 29 de julio- han entrado en España por la llamada ruta occidental del Mediterráneo, lo que supone cuadriplicar casi las cifras registradas en el mismo período del pasado año, 6.513 personas. Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) publicados ayer, el total registrado en los siete primeros del año ya es superior en 750 inmigrantes al total computado en el 2017, año en el que 22.108 personas lograron alcanzar la costa española.

La OIM destaca las 7.782 llegadas registradas en julio, más que en ningún otro mes desde el 2015. Precisamente desde ese año, el número de migrantes por mar ha ido constantemente en aumento. De los algo más de 5.000 en el 2015, a los 8.162 del 2016, hasta los 22.108 con los que se cerró el 2017, ya superados solo en los siete primeros meses del 2018.

El coste personal de este incierto viaje por el Estrecho, por los que las mafias llegan a cobrar hasta 4.000 euros por persona, son muy elevados. La OIM estima que solo en lo que va de año 307 personas, sin determinar ni el sexo ni la edad, perdieron la vida a bordo de pateras que naufragaron sin lograr alcanzar su objetivo. A pesar de lo dantesco de esta cifra, el número de fallecidos en el Estrecho es tres veces inferior a las muertes estimadas en aguas italianas en el mismo período, que supera con creces el millar.

El 38 % de los inmigrantes irregulares que cruzan el Mediterráneo utilizan ya la ruta occidental, la que discurre por aguas españolas, que superó recientemente a la italiana, en donde el número de llegadas de inmigrantes ilegales ha descendido en más de un 80 % en el 2018.

Mientras, la bronca política va en aumento a cuenta de la inmigración ilegal. Tanto PP como Ciudadanos insisten en presentar a un Gobierno desbordado por la crisis. Desde Moncloa se culpa de la actual situación a la falta de previsión del Ejecutivo de Mariano Rajoy, se niega que el problema se encuentre fuera de control y se llama a conservadores y liberales a mantener «lealtad institucional y responsabilidad».

Desde el PP se incidió ayer en relacionar este incremento de la presión sobre la frontera sur con el efecto llamada que, a su juicio, ha provocado la acogida del Aquarius, una acción que, según denuncian los conservadores, Pedro Sánchez adoptó a los pocos días de llegar a la Moncloa por una mera cuestión de imagen.

Es lo que señaló ayer Dolors Montserrat. La nueva portavoz del PP responsabilizó al presidente del Gobierno de provocar este «drama humano» para hacerse la foto con el barco de la oenegé Médicos sin Fronteras. Es lo mismo que ya le reprochó el domingo Pablo Casado, si bien el presidente del Gobierno no fue a Valencia a recibir a los refugiados cuando desembarcaron en la ciudad del Turia, tras pasar casi una semana abandonados en el Mar Mediterráneo. Frente a la improvisación que achacó al Ejecutivo, Montserrat defendió trabajar desde una migración «legal y ordenada, vinculada al empleo, trabajar con los terceros países y con los cuerpos de seguridad para defender las fronteras y terminar con las mafias».

Albert Rivera coincidió en parte con la receta de los populares. El presidente de Ciudadanos exigió poner punto final a las «ocurrencias» y aprobar una legislación clara que regule este problema. Como primer paso, los liberales registraron ayer una proposición no de ley en el Congreso en la que solicitan incrementar los medios de las fuerzas de seguridad para afrontar la crisis migratoria.

La respuesta del Gobierno fue contundente, hacia un lado y el otro. La vicepresidenta Carmen Calvo se declaró sorprendida de que «líderes jóvenes» como Casado y Rivera no se coloquen del lado de las políticas fronterizas que aplican España, Portugal, Francia y Alemania, y que se contraponen a la «xenofobia» que aplican otros países de la UE.

Un millar de personas esperan aún un destino

Mientras las acusaciones vuelan de una fuerza política a otra, cerca de un millar de migrantes aguardan en polideportivos de la provincia de Cádiz a ser trasladados a centros de acogida. En Ceuta, otros 1.200 se agolpaban en el centro de estancia temporal de inmigrantes, casi la mitad en tiendas de campaña. La situación mejoró algo en las últimas dos jornadas, al registrarse un descenso en el número de pateras que intenta cruzar el Estrecho.

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