Judías pintas, pescado y yogur, el primer menú de Urdangarin

A las 8.13 horas, ingresó en la cárcel para mujeres de Brieva (Ávila), a poco más de una hora de Madrid y donde será el único ocupante del pabellón para hombres, como ocurrió con Roldán

EFE

Madrid / Colpisa

Finalmente fue Brieva, a siete kilómetros de Ávila. Siete años, diez meses y 24 días después de que la Audiencia Provincial de Palma abriera una investigación sobre sus negocios, Iñaki Urdangarin traspasó las puertas del centro penitenciario abulense para cumplir la condena de cinco años y diez meses de prisión impuesta por el Tribunal Supremo por malversación, prevaricación, fraude a la Administración, dos delitos fiscales y tráfico de influencias. A las 8.13 horas de la mañana, sin que nadie pudiera grabar su imagen, el cuñado de Felipe VI se presentó a bordo de un furgón oscuro ante las verjas correderas del módulo de ingresos de este centro para mujeres. Solo hay un destartalado pabellón en desuso para varones que deberá ser adecentado para albergar al preso más ilustre del sistema penitenciario español.

El marido de la infanta Cristina de Borbón, que llegó con la única compañía de un conductor que hacía las veces de escolta, atendió las recomendaciones del Ministerio del Interior y escogió una de las cinco cárceles que Instituciones Penitenciaria le había sugerido por su seguridad y para evitar grandes trastornos en otros centros. Será casi imposible que Urdangarin sea grabado en Brieva y, mucho menos, agredido. Su intimidad y la de su familia estarán más que garantizadas en esta cárcel que compartirá, aunque jamás las verá, con otras 95 presas. Otra ventaja es que ni su esposa ni sus hijos tendrán que aguardar las largas colas para las visitas semanales o los vis a vis íntimos mensuales. 

En soledad

La prisión abulense se encuentra a solo 115 kilómetros del aeropuerto de Barajas, con casi una decena de vuelos directos a Ginebra, donde reside la infanta. Desde el aeródromo se tarda, sin tráfico, una hora a Brieva porque el centro penitenciario se encuentra a poco más de un kilómetro de la autopista que une Madrid con Ávila. Hasta ahí las ventajas, porque la privacidad que desea Urdangarin y la seguridad que busca el Ministerio del Interior tendrá un precio elevado, el más absoluto aislamiento. En esta cárcel de mujeres solo hay un pabellón de cinco celdas para varones, conocido como el módulo de hombres, y no ha albergado un solo recluso en los últimos cuatro años. Es más, Interior traslada en menos de 72 horas a todos los presos que ingresan voluntariamente en ese centro a las cárceles de Segovia o Valladolid porque ese pabellón solo se usa como escala en los traslados o para acoger a presos de alta seguridad, como lo fue el ex director general de la Guardia Civil Luis Roldán (que estuvo una década, entre 1995 y 2005) o narcotraficantes arrepentidos de la operación Nécora o de terroristas también arrepentidos.

Si Instituciones Penitenciarias da por buena la elección de Brieva -tiene dos meses para cambiarle de destino antes de su clasificación, aunque parece poco probable porque Interior sugirió este centro-, Urdangarin solo tendrá relación diaria con los funcionarios (no más de cinco) que se turnarán en el módulo. Dormirá solo, comerá sin compañía y no podrá charlar con nadie en sus horas de patio. Toda su vida discurrirá en absoluta soledad en su celda de doce metros cuadrados, una galería, un pequeño salón cuyo mobiliario consiste en unas sillas y mesas metálicas y una televisión, y un patio de 25 metros de largo por siete de ancho en el que el único deporte posible es el frontón. En principio, como le comunicaron ayer los funcionarios al preso, no podrá asistir a ninguna actividad recreativa (como gimnasio, cursos o talleres). No porque lo tenga prohibido, simplemente porque no existen al tratarse de un módulo diseñado para estancias de días. 

Pendiente de mejoras

Fuentes penitenciarias informaron de que los funcionarios ya advirtieron al preso de que el módulo se encuentra en desuso y, por tanto, tiene bastantes carencias, entre ellas problemas con el abastecimiento de agua, aunque Instituciones Penitenciarias invirtió hace poco 1,3 millones de euros para mejorar la calefacción de todo el centro (no solo del módulo), una de las principales quejas de Roldán durante su década en esta cárcel. Prisiones prometió al preso que hará una limpieza de urgencia en su módulo, introducirá algunas mejoras y estudiará la posibilidad de incorporar alguna actividad recreativa extra, como pudiera ser la instalación de máquinas en el gimnasio. Los funcionarios de Brieva que atendieron a Urdangarin explicaron que se mostró «muy agradecido» por las explicaciones y «extremadamente educado». El cuñado del jefe del Estado se presentó en la prisión justo en el cambio de turno de los trabajadores (a las 8 de la mañana), por lo que pudo conocer a buena parte de los funcionarios con los que tendrá que tratar.

Diego Torres solicita el indulto

Diego Torres apuró más el plazo que su exsocio y no ingresó hasta las 17 horas en la cárcel Brians 2, cerca de Barcelona. Pero antes de entrar, la defensa de Torres puso en marcha la última maniobra procesal para intentar interrumpir por un tiempo la condena y pidió al Gobierno de Pedro Sánchez el indulto de su cliente. Y al tribunal sentenciador, que suspendiera la ejecución de la condena mientras el Ejecutivo decide. Una maniobra procesal desesperada que difícilmente prosperará.

Su primer menú en prisión

Tras las explicaciones sobre la precaria situación del módulo que habitará y recibir el folleto La prisión paso a paso con la normas de Instituciones Penitenciarias, fue examinado por un médico, una trabajadora social y una educadora. Para la hora de comer, los trámites de entrada del marido de Cristina de Borbón prácticamente habían acabado. Entonces disfrutó, por supuesto en solitario, de su primera comida entre rejas. El menú fue judías pintas, pescado y yogur. 

Más allá del aislamiento forzado, la vida en prisión de Urdangarin estará marcada por el horario que rige en todas las cárceles. A las ocho de la mañana hay que estar en pie para limpiar la celda y tomar el desayuno. De nueve a una de la tarde solo patio, porque no tendrá actividades. Entre la una y las dos, el almuerzo. El descanso ocupa de las dos a las cuatro y media. La tarde, de nuevo, para el patio, a falta de talleres. Cena a las ocho. A partir de las nueve tiene que estar en la celda a la espera de que a medianoche apaguen las luces.

Para combatir esa rutina, Urdangarin, sin duda, se marcará como meta la salida a la calle, algo que podría suceder, si todo transcurre como en otros casos similares, en la Navidad del 2019 con su primer permiso penitenciario. En dos meses, Instituciones Penitenciarias clasificará al preso condenado y, si no hay sorpresas, lo hará en el segundo grado. Así las cosas, en un año y medio la junta de tratamiento de la cárcel, si el comportamiento del recluso es bueno, podría acceder a su primer permiso de salida. A finales del 2019, Instituciones Penitenciarias podría aplicarle incluso, si así lo considera, un régimen mixto (conocido como el del artículo 100.2) que le abriría la puerta a solo dormir en prisión, manteniéndolo en segundo grado pero con beneficios del tercer grado (régimen de semilibertad).

La cárcel de Brieva fue construida en 1989. Cuenta con 43.540 metros cuadrados y 162 celdas, con otras 18 más complementarias. En la actualidad solo hay 99 reclusas, por lo que hay muchas celdas desocupadas. Cien funcionarios se ocupan de su custodia. Por sus celdas han pasado Luis Roldán, el etarra arrepentido Mikel Sueskun o testigos del proceso Nécora, y Neus Soldevillla, la Dulce Neus.

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