Montero, que no Montoro

Una primera espada del Gobierno andaluz dirigirá Hacienda, un gesto de reconciliación de Sánchez con el susanismo

Ministerio de Hacienda: María Jesús Montero
Ministerio de Hacienda: María Jesús Montero

redacción / la voz

Cuando casi todos en Andalucía -y fuera de ella- daban por hecho que Susana Díaz le ganaría las primarias a Sánchez con la gorra, su nombre sonó con fuerza para sustituir a la presidenta de la Junta tan pronto como se consumara la victoria. Pero aquello, como todo el mundo sabe, acabó en fiasco para la andaluza. Y María Jesús Montero Cuadrado (Sevilla, 1966) volvió a lo suyo. A cuadrar las cuentas del Gobierno andaluz. Una tarea en la que se ha empleado a fondo durante los últimos años y en la que, coinciden los analistas, ha cosechado grandes éxitos. Porque, hoy por hoy, Andalucía es, junto con Galicia, una de las pocas comunidades que supera el examen de la Ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera. Esto es, que cumple con los objetivos autonómicos de déficit, deuda y regla de gasto. Aunque, eso sí, a base de haber metido la tijera hasta el fondo en los costes de personal, sobre todo, en educación y sanidad, lo que le ha granjeado al Gobierno de Díaz no pocas críticas y movilizaciones. Pero esa es otra historia.

Su vocación, la medicina

Médica de profesión y madre de dos hijas, lleva Montero embridando las cuentas de la Junta desde el 2013. Y en el Ejecutivo andaluz, en el que entró como independiente, para más tarde afiliarse al PSOE, desde el 2002. Es pues, de largo, la más veterana del Gobierno de San Telmo.

Y no fue durante ese lío de las primarias ni la primera ni la única vez que su nombre estuvo en las quinielas sucesorias. Lo ha estado siempre desde que se fue Manuel Chaves. Y lo estaba cuando Susana Díaz fue la elegida a dedo por José Antonio Griñán. Pero esa también es otra historia.

Ahora lo deja todo para convertirse en la pica susanista en la Moncloa.

Antes de hacerse con las riendas de la Consejería de Hacienda y Administración Pública fue consejera de Salud y Bienestar Social, cargo al que accedió de la mano del expresidente andaluz Manuel Chaves. Y fue precisamente durante su paso por ese departamento cuando se gestó uno de los grandes quebraderos de cabeza del Gobierno de Díaz: la fusión hospitalaria. Un proceso que, a la postre, acabaría haciendo saltar por los aires a toda la cúpula de la sanidad andaluza. Pero, para entonces, Montero ya andaba echando números en Hacienda.

Como responsable de las cuentas de la Junta ha sido quien ha llevado las riendas de la negociación con Ciudadanos para sacar adelante los tres últimos Presupuestos. Otro éxito que sumar a su haber. Aunque para ello los socialistas han tenido que pasar, entre otras cosas, por el aro de una drástica reducción del impuesto de sucesiones.

Sonadas son las disputas que ha mantenido con su antecesor en el cargo. Tanto que hasta ahora en Andalucía se referían a ella como el azote de Montoro. Pese a sus encontronazos, mantienen una relación cordial.

La patata caliente

Ahora le toca a ella bregar con la patata caliente de la financiación autonómica. Todo un señor rompecabezas, en el que Galicia se juega mucho. Siempre difícil de encajar. Y con el desafío secesionista sobre la mesa, infinitamente más.

Andalucía ha sido durante los últimos meses una de las comunidades que más han tirado del carro de la reforma de la financiación autonómica, exigiendo que la negociación se iniciase ya. Sánchez ya ha advertido que va a ser difícil que, estando las cosas como están, se pueda abrir ese melón en esta legislatura de duración incierta.

Así que muchos ven en la elección de Montero una clara intención de Sánchez de matar dos pájaros de un tiro. Por un lado, se asegura -o por lo menos lo intenta- la lealtad de Susana Díaz y los suyos, con los que las relaciones, no es ningún secreto, nunca han sido envidiables; y por otro, neutraliza la presión de Andalucía para que se aborde ya un tema tan espinoso. Sin duda, una de las principales tareas que se han quedado sin hacer sobre la mesa del también andaluz Montoro.

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