Sabadell y CaixaBank dan la espalda al soberanismo y deciden irse ya de Cataluña

El Gobierno prepara un decreto para facilitar la salida de empresas sin consultar a los accionistas


madrid / la voz

La gran banca catalana, CaixaBank y el Sabadell, le da la espalda al procés. La primera acaba de confimar su traslado a Valencia. La segunda, el Sabadell, trasladará finalmente su sede social a Alicante. La decisión llega precipitada por la posibilidad de que el Parlamento catalán apruebe de forma inminente una declaración unilateral de independencia. Una decisión de enorme trascendencia política en el contexto actual.

El consejo del Sabadell se reunió la tarde de ayer en sesión extraordinaria. La desconfianza de los inversores, que hizo que la entidad financiera perdiera casi mil millones de capitalización bursátil en tres días, pero especialmente el miedo desatado entre la clientela, que comenzó a retirar dinero pese a las llamadas a la calma, fueron determinantes para que la decisión oficial -comunicada a última hora de la tarde a la CNMV, pero traslada ya a primera hora a las oficinas- se adoptase en tiempo récord.

CaixaBank seguirá sus pasos, ya que hoy está previsto que se reúna su consejo de administración para abordar idéntico asunto: la salida administrativa de Cataluña y su traslado a Valencia. De hecho, si no se ha aprobado ya -además de por tensiones en el consejo- ha sido por imposibilidad jurídica. Y es que, a diferencia del Sabadell, que cambió sus estatutos para que fuera el consejo de administración -sin necesidad de someterlo a la junta general de accionistas- el que tuviera la competencia para hacerlo, en los de CaixaBank sigue figurando que es su accionariado el que debe acordar el cambio de domicilio social si el traslado es a un municipio diferente, como es el caso.

Precisamente por ello, para facilitar el traslado exprés de la entidad que preside Jordi Gual -así como de otras que tomen idéntica decisión ante la escalada de tensión nacionalista-, el Gobierno pretende aprobar en el Consejo de Ministros de hoy un decreto para introducir una enmienda a la Ley de Sociedades Cotizadas del 2015 que suprima la exigencia de que el cambio de domicilio social sea sometido a la aprobación de la junta y baste con el acuerdo del consejo de administración.

Mediación con Madrid

Fuentes próximas al Gobierno confirmaron que el citado cambio había sido solicitado «expresamente» por CaixaBank esta misma semana, lo que confirma que ha habido una interlocución directa con Madrid para abordar esta delicada situación de la banca. Sucede que CaixaBank, en el mejor de los casos, solo podría convocar una junta de accionistas dentro de dos o tres semanas, y el incremento de la tensión en Cataluña podría acabar convirtiéndola en un problema de orden público.

La decisión consumada del Sabadell y la esperable de CaixaBank son un bofetón a las tesis secesionistas del Govern, ya que confirma que las enseñas económicas de Cataluña optan por ponerse a cubierto de la inseguridad jurídica en la que está sumida la comunidad. Y aunque la deslocalización de las entidades financieras sea el traslado más impactante, no es el único, ya que cada vez más empresas están haciéndolo, sin esperar a que el Parlamento catalán declare la independencia unilateralmente.

Que este movimiento ha herido al secesionismo se constató ayer con las llamadas expresas de la CUP a boicotear a estas entidades y trabajar con el Instituto Catalán de Finanzas, público, pero sin siquiera ficha bancaria.

Sin embargo, el vicepresidente del Govern y consejero de Economía de la Generalitat, Oriol Junqueras, negó ayer la aplastante evidencia y, en declaraciones a La Sexta, aseguró que «no va a haber una huida de empresas de Cataluña». Destacó que la comunidad está en «récords históricos de inversión extranjera directa» y de exportaciones, y restó importancia al impacto que la crisis política actual pueda tener sobre la candidatura catalana para acoger la Agencia Europea del Medicamento. «Yo creo que no va a haber una huida de empresas», respondió. Y hasta negó que compañías como Oryzon Genomics hayan cambiado su sede social como consecuencia del proceso soberanista. Ni siquiera dio por bueno que el Sabadell hubiera acordado ya trasladarse: «Ya veremos. Vaticinios de este tipo se han hecho otras veces y no ha sucedido nunca».

Precisamente porque es insólita, la decisión de la banca se convierte aún más en un torpedo en la línea de flotación de las tesis secesionistas.

«Defender» a la clientela

El discurso que las dos entidades catalanas han mantenido en esta semana de tensión ha sido que se tomarían las decisiones precisas para «defender» y «proteger» en todo momento los intereses de sus clientes, accionistas y empleados, «garantizando la integridad de los depósitos».

El objetivo era transmitir tranquilidad a una clientela temerosa de perder sus ahorros. Porque aunque la versión oficial es que no se ha producido fuga de depósitos, otras fuentes consultadas sí confirman retiradas, sobre todo en las grandes ciudades. En Galicia se han detectado en Santiago, Vigo y A Coruña.

A primera hora de la mañana de ayer, antes incluso de informar a la CNMV de que su consejo abordaría el cambio de sede, el Sabadell pedía a su red, a través de una circular interna, que trasladaran a la clientela que iba a haber cambio de domicilio social.

Lo que conlleva la mudanza

Un movimiento de enorme calado político y nulo impacto al cliente

r. s.

La mudanza de dos entidades tan simbólicas como CaixaBank y Sabadell tiene nulas repercusiones operativas para empleados y clientes, que podrán seguir trabajando con normalidad desde sus rascacielos de Barcelona, los primeros, y desde las miles de oficinas los segundos, amparados por el BCE, el Fondo de Garantía y el Mecanismo Único de Supervisión. Herramientas de las que carece la hipotética república catalana. Un delirio jurídico.

Tiene, eso sí, una enorme trascendencia simbólica y carga de profundidad política con el procés. Es la segunda gran bofetada que se lleva Puigdemont después de los noes que ha recibido reiteradamente desde Europa. Porque una cosa es el goteo de empresas, de menor porte, que han ido anunciando su traslado y otra que las dos grandes enseñas de ese territorio, sus brazos financieros, lancen este mensaje: hay que irse por la inseguridad que ha creado el Gobierno autonómico. Es la única vía que les ha quedado tras constatar el enorme nerviosismo en las oficinas, el castigo en los mercados (premio cuando han anunciado su marcha) y las dudas entre los inversores extranjeros.

No serán los últimos. Todos los grandes grupos empresariales catalanes (Abertis, Gas Natural, Grifols, Colonial, Seat...) tienen planes de contingencia a la vista, aunque no les urge afrontar ese escenario como les ha pasado a los bancos, por su tipo de negocio. Salvo que los mercados los señalen en los próximos días. O que su rating caiga y les salga más cara la deuda. Ahí sí habrá urgencias.

Los inversores bendicen la mudanza con fuertes subidas en bolsa

mercedes mora

Si el Sabadell y CaixaBank tenían alguna duda acerca de cómo recibiría el mercado un cambio de sede, ya pueden despejarla. El aplauso fue más que sonoro. Tanto que las acciones del primero, que se muda a Alicante, subieron un 6,16 %; y las del segundo, que se lo está pensando y cuyo consejo tomará hoy la decisión de mantener o no su sede en suelo catalán, avanzaron un 4,93 %. Catalana Occidente y Eurona Wireless Telecom (esta última en el Mercado Alternativo Bursátil, MAB) también recibieron la bendición del mercado, lo que se tradujo en subidas del 2,51 y del 7,24 %, respectivamente. Más pronunciada la de la firma de telecomunicaciones porque ya ha tomado la decisión. Menos la de la aseguradora, que la fía a la evolución de los acontecimientos. Respiraron los bancos catalanes y el resto del sector con ellos. Y, claro está, respiró también el Ibex. Despidió el día con un ascenso del 2,5 %. Suficiente no solo para recuperar los 10.000 puntos, listón que había perdido de vista la víspera, sino también para superar los 10.200. Un avance de enjundia. La que le otorga el haberse fraguado con un volumen de negocio mayor del habitual. Cambiaron de manos casi mil millones más: 3.500, cuando la media diaria de este año está en torno a los 2.600.

El carburante para la subida llegó también de la mano de la suspensión del pleno del Parlamento catalán del próximo lunes por el Constitucional y de una información publicada por la agencia Bloomberg -toda una biblia para los mercados- en la que se dejaba constancia de que la unidad entre los independentistas empieza a hacer aguas.

Pero no conviene echar las campanas al vuelo. Lo de la recuperación de ayer puede ser flor de un día. Es más, la mayoría de los analistas lo ven como un simple rebote. Y avisan: nada hace pensar que el mercado se haya sacudido el nerviosismo de los últimos días para reemprender el vuelo. Hoy será otro día, y nadie se atreve a aventurar que la subida de ayer continúe. Lo único seguro es que la volatilidad seguirá campando a sus anchas hasta que el panorama se despeje.

España paga algo más cara su deuda por la crisis catalana

El Tesoro coloca sin dificultades 4.600 millones en bonos, con la prima de riesgo en 130 puntos

Mercedes mora

Era su primera cita con los inversores tras el referendo. En plena crisis. Y se notó. No en el apetito de los inversores. Logró financiarse sin problemas. Pero sí en sus exigencias. Tuvo que pagar ese dinero algo más caro. Hablamos de España.

Se puede decir que el Tesoro superó con nota la subasta que más expectación había levantado en meses. Muchos.

Colocó 4.600 millones en bonos. La mayor parte, en títulos a cinco años. Tendrá que pagar un interés del 0,552 %, el más alto desde marzo. En la puja anterior, la del 7 de septiembre, se comprometió a un 0,223 %. Pero no sirve la comparación. No es el mismo bono. Es otro nuevo. Con un plazo de vencimiento más largo. Seis meses más.

La mejor muestra de que los inversores siguen confiando en la economía española es que en la subasta de ayer cursaron peticiones por valor de 10.500 millones, más de dos veces los 4.600 adjudicados.

Con lo de ayer, el Tesoro ha colocado ya el 86,3 % de lo previsto para todo el ejercicio. El objetivo: 132.900 millones de euros.

Algo más se están dejando notar los nervios en el mercado secundario de deuda. Ese donde se negocian los títulos ya emitidos por los Estados y donde se fijan los intereses que, en el caso de los bonos a diez años, sirven para calcular la prima de riesgo. Aquella que tanta fama adquirió con la crisis, ganándose incluso -a pulso- un espacio en las tertulias a pie de calle, y que no es tora cosa que la diferencia entre lo que ha de pagar España a los inversores para que le presten dinero y lo que abona la siempre fiable -a ojos de los mercados, al menos- Alemania.

Pues bien, esa brecha se movía ayer en el entorno de los 130 puntos. A principios de septiembre estaba en torno a los 100.

La crisis catalana se deja notar en el ánimo de los mercados. Pero, de momento, sin estridencias. Cierto es que la incertidumbre es mucha. Y no hay nada que desagrade más a la inversión, en la economía real y en la financiera, que las incógnitas. Pero también lo es que, por el momento, manda la prudencia.

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