El suicidio independentista del Barça

La ruptura lo dejaría fuera de la Liga española o de otro país, lo que minimizaría sus ingresos por televisión y márketing y lo convertiría en otro grande venido a menos como el Ajax o el Celtic


Redacción / la voz

El Barça moriría de independencia. Paradojas de la vida, tanto los dirigentes del Fútbol Club Barcelona como los jugadores que apoyan la independencia de Cataluña van camino de convertirse en un cáncer terminal para el futuro de la entidad. Una hipotética independencia sería el final del Barça como uno de los grandes clubes del mundo. Porque toda la argumentación separatista parte de una falacia, la de que el club podría seguir compitiendo en la Liga o, en su defecto, en otro campeonato nacional de gran nivel, cuestiones a día de hoy imposibles desde el punto de vista legal.

¿Qué dice la ley española sobre los participantes en los torneos nacionales?

El encarcelado Sandro Rosell decía hace unos cinco años, cuando era el presidente del Barça, que la independencia no afectaría al club, que podría seguir jugando en España. De manera muy diferente ha pensado siempre Javier Tebas, el presidente de la Liga: «Barça y Espanyol no podrían jugar la Liga si Cataluña se independizara. Y esto es así porque la Ley del Deporte tiene una disposición adicional que establece que solo hay un Estado no español que puede jugar la Liga o competiciones oficiales españolas, y es Andorra». Y, efectivamente, la Ley del Deporte no contempla la opción de que un club extranjero pueda participar en las competiciones españolas, más allá del anecdótico caso de Andorra.

¿Qué requisitos exige la federación española para inscribir a un club?

Igual que con la ley española sucede con las diferentes reglamentaciones deportivas, tanto en el ámbito español como en el europeo y el mundial. Así, por ejemplo, los estatutos de la Federación Española de Fútbol recogen en su artículo 13: «Para participar en competiciones de carácter oficial, los clubes deberán estar inscritos en la Real Federación Española de Fútbol y además cumplir todos los requisitos que para ello se establezcan reglamentariamente». La inscripción a que se refiere al párrafo anterior se llevará a cabo a través de las federaciones «de ámbito autonómico». Obviamente, con una Cataluña independiente, no existiría una federación catalana en el marco de la española.

¿Qué dice la UEFA respecto a los países que pidan ingresar en ella?

Según se recoge en el artículo 5 de los estatutos de la UEFA, para que una federación sea admitida como miembro del organismo europeo del fútbol, el país al que pertenece «debe ser reconocido por las Naciones Unidas como un Estado independiente». Una independencia unilateral de Cataluña comprometería bastante su reconocimiento internacional.

¿Y la FIFA?

La FIFA tampoco acogería a Cataluña bajo su paraguas. No en vano, según el artículo 11 de sus estatutos, en su punto 2: «Únicamente podrán convertirse en miembros aquellas federaciones afiliadas a la confederación correspondiente». Es decir, sin estar en la UEFA, no se podría estar en la FIFA.

¿En qué se convertiría el Barcelona si Cataluña fuera independiente?

Pero aun en el caso de que entremos en los juegos de ciencia ficción del independentismo catalán, el futuro del Barça en un escenario de independencia es convertirse en una especie de Celtic, Ajax o Anderlecht. Descartado el absurdo de me independizo, pero sigo jugando en la Liga Española, la dimensión global del Barça desaparecería en una liga catalana independiente. La competición española sufriría un golpe tremendo con la marcha de los azulgranas, porque una buena parte del valor de los derechos de televisión españoles viene dada por la dicotomía Madrid-Barça y la disputa de los dos clásicos ligueros, que sin duda son dos de los eventos deportivos con mayor audiencia global. Pero es obvio que un club culé liderando una liga con el Espanyol, Girona, Tarragona, Sabadell, Cornellá y Badalona como máximos exponentes no llegaría a los 160 millones que actualmente cobra la entidad por derechos de televisión. Por poner un ejemplo, el Oporto, que milita en la liga de un país de tres millones más de habitantes que Cataluña, cobra en torno a 45 millones por campaña. Pero esta drástica reducción de ingresos podría aplicarse a los patrocinios y al márketing. Resulta impensable un presupuesto superior a los 600 millones como tiene actualmente. No hay más que ver entidades históricas que en otras épocas fueron grandes como el Ajax holandés, que viven ahora dimensionados por el propio tamaño de su país y la categoría de la liga en la que militan. Es por ello por lo que desde la entidad barcelonesa se engaña a sus seguidores con la patraña de que podrían seguir jugando en España o, en su caso, en la Liga francesa. Pero ¿tiene sentido que los franceses acojan a un club de fuera? No hay que olvidar que el caso es muy diferente al del Mónaco, que no deja de ser una ciudad Estado.

El Barça de una Cataluña independiente estaría condenado a languidecer como referente mundial y debería despedirse de Messi, Neymar, Luis Suárez o Andrés Iniesta. Sería el precio de la independencia.

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