A trancas y barrancas


Parece que a regañadientes, y más por la presión pública que por propio convencimiento, Rajoy está empezando a hacer lo que debería haber hecho hace ya mucho tiempo: recurrir a la política para responder a un desafío político. Se equivocó cuando trató de limitar su alcance al considerar que podía abordar el problema desde una vertiente estrictamente jurídica. Se equivocó al responder en solitario, despreciando al resto de los partidos políticos. Incluso cuando empieza a rectificar, al reunirse con Pedro Sánchez y hablar con Albert Rivera, vuelve a equivocarse al dejar fuera de sus encuentros a Pablo Iglesias. Y lo hace con empecinamiento, porque sigue marginando a otras fuerzas parlamentarias, como Izquierda Unida y UPyD.

Es un error establecer condiciones previas para el ingreso en el frente antisecesionista, porque su fortaleza depende precisamente de que aglutine al máximo de fuerzas políticas. El inmovilismo por miedo a las discrepancias es uno de los motivos que nos han traído hasta aquí. Ahora lo prioritario es agrupar a todos los que están en contra del desafío secesionista, con los matices que sean. El objetivo inmediato es evitar el golpe antidemocrático que preparan Artur Mas y compañía. Eso es lo que nos une y nadie debe ser excluido porque su diagnóstico del problema y sus recetas para remediarlas sean discrepantes. Bueno será que la fragmentación política nos sirva para acabar con el monolitismo y recuperar el debate. Aunque sea a trancas y barrancas.

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