El Gobierno y el partido perciben por primera vez que la imagen del líder de los populares y la estabilidad de su Ejecutivo están en entredicho, y salen a defender su honorabilidad
11 jul 2013 . Actualizado a las 13:59 h.Por primera vez desde que estalló el caso Gürtel, el PP es consciente de que la estabilidad el Gobierno y la imagen de honorabilidad de Mariano Rajoy están amenazadas. La entrada en prisión de Luis Bárcenas, su decisión de romper todos los lazos con el partido tirando de la manta y la repercusión internacional que ha alcanzado el caso han disparado todas las alarmas. La mayor evidencia de esa honda preocupación que viven los populares es el giro que dieron ayer en su estrategia a la hora de enfrentarse a esta crisis.
Si hasta ahora el Gobierno y los pesos pesados del partido guardaban silencio y dejaban que María Dolores de Cospedal diera la cara en solitario, ayer el Ejecutivo y el PP sintieron la necesidad de salir en tromba a defender la honorabilidad personal de su líder, admitiendo así que está seriamente cuestionada. Salvar al soldado Rajoy podría ser el título de esta película, con un guion cada vez más enrevesado y un final incierto.
El único que se mantuvo ayer firme en su estrategia de no darse por aludido e ignorar todas las amenazas fue el propio Rajoy, que se limitó a señalar, durante su discurso en la fábrica de General Motors en Figueruelas, que pese a la tendencia a «contar las cosas que no son las mejores» hay que hablar de «las cosas que son importantes». Pero, siguiendo el ejemplo del ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, el miembro del Ejecutivo más cercano a Rajoy, el Gobierno en pleno se lanzó a poner la mano en el fuego por el presidente y a cerrar filas.
Su homólogo en Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, aseguró que el líder del PP es un «referente ético» en el partido. Y más directo aún a la hora de expresar su confianza pese a las graves acusaciones de Bárcenas fue el responsable de Industria, José Manuel Soria. «Me fío plenamente de él», afirmó, para aclarar después que «cuantas veces me pregunten si pongo la mano en el fuego diré que sí siempre».
El PP carga contra Aguirre
Otro de los ministros que más tiempo lleva trabajando con Rajoy, el de Hacienda, Cristóbal Montoro, sintió también la necesidad de cerrar filas y defender el honor de su líder. «Pueden tener la seguridad y la fiabilidad de que tienen un presidente del Gobierno que es un político muy honrado, honesto y entregado a los intereses generales de España», señaló.
La enorme preocupación quedó también en evidencia por el hecho de que algunos de los señalados por Bárcenas como perceptores de sobresueldos, como el vicesecretario de política autonómica del PP, Javier Arenas, rompieran su mutismo para salir en defensa del jefe del Ejecutivo. Según Arenas, Rajoy es «intachable en todos los sentidos». «Todas nuestras retribuciones son legales y han sido declaradas a Hacienda», añadió, incluyendo así su propia defensa personal en este cierre de filas.
El portavoz del Grupo Popular en el Senado, José Manuel Barreiro, quiso despejar también cualquier duda. Mostró su «total y absoluta» confianza en Mariano Rajoy y aseguró que su trayectoria está presidida «por la honradez y la transparencia». «Creo que dan en hueso duro quienes quieran cuestionar eso», concluyó Barreiro.
Lo que no terminan de hacer el Gobierno y la dirección del PP, especialmente los más veteranos, es dar el paso de atacar directamente a Bárcenas, algo que sí hacen los más jóvenes y algunos barones regionales. El caso ha abierto profundas grietas en el partido, hasta el punto de que el portavoz adjunto del Grupo Popular, Rafael Hernando, respondió ayer airadamente a la petición de la presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre, de que se admitan las irregularidades y se depuren responsabilidades. «No sé a qué se refiere, a lo mejor es algo que tiene que ver con el PP de Madrid, pero no tengo ninguna noticia», dijo Hernando.