Elecciones en Cataluña para tapar la crisis

Artur Mas da la vuelta a la situación culpando de todo a España


Madrid / La Voz

Artur Mas confirmó ayer en un discurso exento de cualquier autocrítica por la pésima situación económica de Cataluña lo que todos preveían. Tras el órdago lanzado ante Rajoy, al presidente catalán no le cabía otra salida que convocar elecciones. Pero si el adelanto era previsible, no lo son ni mucho menos sus consecuencias.

¿Por qué adelanta Artur Mas las elecciones?

Aunque la razón oficial es el portazo de Rajoy, los motivos son otros. El éxito de la manifestación de la Diada le ha arrastrado a esta decisión. Ante el riesgo de quedar fuera de juego por el clamor independentista, Mas decidió abanderar esa protesta. Eso le dejaba sin ninguna posibilidad de seguir gobernando con el apoyo del PP catalán, como ha hecho estos dos años, y por tanto sin posibilidad de aprobar unos presupuestos. Dar un giro apoyándose en ERC le habría obligado a olvidar ambigüedades y a apostar claramente por el independentismo, algo que rechaza por cálculo político y porque no lo aprobarían muchos de sus electores.

¿Qué habría ocurrido si no se adelantan los comicios?

Si Artur Mas no hubiera disuelto el Parlamento catalán, el principal perjudicado habría sido él. Obligado a afrontar durísimos recortes para acceder al rescate que ha pedido Cataluña al Estado, que se sumarían a los ajustes ya realizados, su desgaste político habría sido enorme y sus expectativas electorales se habrían derrumbado. Ahora, ha conseguido dar la vuelta a la situación y puede culpar a Rajoy de su renuncia a seguir gobernando tras solo dos años de legislatura. El PSC habría sacado rédito político por el deterioro de la economía y ERC, de la falta de resultados en el camino hacia la autodeterminación.

¿Qué cambios habrá tras las elecciones?

En términos aritméticos, la único que produciría un vuelco sería que CiU, que ahora tiene 62 escaños, alcanzara la mayoría absoluta (68). Eso permitiría a Mas retomar la negociación con Rajoy desde una posición de fuerza. Dirigentes de CiU consideran posible la mayoría absoluta si Mas se presenta como el guía que llevará a Cataluña a tener un Estado propio y no se deja arrastrar por la radicalidad independentista. Si no consigue esa mayoría, las cosas cambiarán poco. De hecho, pueden ir a peor para él. La reedición del acuerdo con el PP sería esperpéntica. Y Mas quedaría con las únicas opciones de echarse en brazos de ERC o de intentar una gran coalición con el PSC que limitaría su ímpetu soberanista.

¿Qué expectativas tienen el PP y el PSC?

Los socialistas pueden ser los grandes perjudicados. Si no consiguen salir de esa tierra de nadie entre la apuesta por el soberanismo o la defensa de una Cataluña española, perderán votos, sobre todo en el sector más catalanista del PSC. La mayoría irán a parar a CiU, aunque algunos, los situados más a la izquierda, recaerán en ERC. Muy pocos irán al PP, que mantendrá su bloque de voto españolista, pero tendrá muy difícil crecer pese al miedo al independentismo de los nacionalistas más moderados y conservadores (UDC). El PSC tratará de evitar esa sangría enarbolando la bandera del federalismo como una solución menos traumática que pueda atraer el voto de buena parte del pequeño empresariado, catalanista pero temeroso de una ruptura total con el resto de España.

¿Cómo afectará a la coalición CDC-Unió?

Es previsible un aumento de la tensión entre Artur Mas, líder de CDC, y Josep Antoni Duran i Lleida, líder de Unió Democràtica. El órdago de Mas, superando de largo el discurso tradicional de CiU de tensar la cuerda sin romperla nunca, deja sin espacio al ahora portavoz de CiU en el Congreso. Duran intentará hacer valer los 18 escaños con los que cuenta en el Parlamento catalán y sin los cuales Mas no tiene posibilidad alguna de gobernar. Pero el presidente de la Generalitat tiene las de ganar en este pulso. De momento, Duran, que siempre ha rechazado el independentismo, se vio obligado a asistir a la manifestación de la Diada para no quedar arrinconado. Y allí fue abucheado por muchos, por cierto.

¿Qué consecuencias económicas puede tener el adelanto electoral?

En principio, malas. No solo para Cataluña, sino para España entera. En una situación muy delicada, en medio de una crisis económica sin precedentes y con el rescate de España a punto de concretarse, la larga campaña electoral en Cataluña hará que el foco no se sitúe en las reformas necesarias para salir de la crisis, sino el debate sobre la independencia. Los mercados, que aborrecen la incertidumbre, aumentarán la desconfianza con la que hasta ahora miraban a España.

¿Tenía prevista el Gobierno esta situación?

A Mariano Rajoy, tan experto en dilatar el tiempo y relativizar las urgencias, le ha faltado en este caso cintura o le ha sobrado confianza. Hasta hace poco, el Gobierno creía que Mas no daría el paso de llamar a las urnas. La oferta de reformar el sistema de financiación autonómica y su posterior retirada demuestran que Artur Mas ha cogido al Gobierno por sorpresa. Rajoy promete una respuesta firme ante el desafío, pero en realidad lo fía todo a que CiU no obtenga mayoría absoluta y tenga que retomar la negociación sin salirse de la Constitución. Y espera contar ahí con el apoyo del PSOE.

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