Contra el absolutismo

M. CHEDA ENVIADO ESPECIAL

ESPAÑA

Tras moverse un 56 % más de lo previsto, Rubalcaba cierra su campaña pidiendo el voto de toda la izquierda para evitar la «pesadilla» popular

19 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Espoleado por las encuestas, se vació, lo dio todísimo. 41 actos y 120.000 espectadores después, Alfredo Pérez Rubalcaba concluyó anoche su campaña habiendo recorrido todos los kilómetros que en principio había planeado viajar y, de propina, un 56 % más: 23.500 en lugar de 15.000. La cerró intentado levantar un dique contra una marea, a su juicio, igual o peor que las negras: la azul PP. En Fuenlabrada, al sur de Madrid, alertó al electorado de que únicamente un PSOE «fuerte» podrá detener «el poder absoluto» de una «derecha», la de Mariano Rajoy, que no dudó en calificar como «la más dura» de Europa.

«Impedid en las urnas que el día 21 tengáis que estar en la calle protestando», aconsejó a los suyos. También les demandó un esfuerzo final: que dediquen las horas restantes hasta la clausura de los colegios electorales a «convencer» a conocidos y vecinos, manteniendo conversaciones cara a cara o incluso por teléfono, para que mañana lo respalden a él y a nadie más. «Hay que concentrar -sentenció- los votos de la izquierda». Sufragio útil, sin fragmentaciones contraproducentes, contra un «monopartidismo» que, cree, sería «terrible» para el país.

El candidato socialista a la Moncloa acabó el viernes pletórico, si bien lo había comenzado con cierto infortunio, viéndose obligado a cancelar, debido a una avería en su avión de alquiler, uno de los cinco mítines programados para la jornada: el de Huelva. Pudo ofrecer otro, sin embargo, en la vecina Punta Umbría, un segundo en Lebrija (Sevilla) y un tercero en Jerez de la Frontera (Cádiz), amén del citado postrero. Focalizó esfuerzos, pues, en Andalucía, la cual visitaba por cuarta vez en dos semanas. No en vano, en esa comunidad y en Cataluña se juega buena parte de su suerte personal más allá del 20-N.

Por la mañana, en tierras onubenses, había legado una perla de caravana, jugando con el debate Zapatero-Rajoy del 2008 y con el uso que el segundo, supuestamente, realiza de la crisis de la deuda soberana para auparse al poder. «Hace cuatro años -espetó- intentó llegar a la Moncloa de la mano de una niña y ahora intenta llegar de la mano de una prima», la de riesgo. Por la tarde, en suelo gaditano, incidió en la «pesadilla» que supondría extender a los populares «un cheque en blanco» para recortar derechos y devaluar el Estado de bienestar.

Aguardando para comprobar el impacto real de ese discurso suyo, hoy el candidato dedicará la mañana a pasear con su mujer por Majadahonda para luego comer con su equipo en la sede del PSOE. La tarde, en cambio, se la ha reservado para sí. Escuchará música, leerá y, por la noche, verá en televisión el partido de fútbol entre el Valencia y el Real Madrid, su club.