El aparato y la vieja guardia tratan de frenar la ambición de la ministra
17 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.«Yo no habría hecho esa propuesta». Felipe González cuestionó así el pasado martes la hoja de ruta diseñada por José Luis rodríguez Zapatero para abordar el proceso de su sucesión como candidato del PSOE a las elecciones generales. El rechazo del ex presidente al sistema de primarias no supuso ninguna sorpresa para el actual líder socialista, que lo conocía de antemano. Pero el hecho de que un dirigente tan destacado advierta en público del peligro que supone para el PSOE este modelo ha dado alas a los que consideran que el partido corre un grave riesgo de división si se llega a un enfrentamiento directo entre Rubalcaba y Chacón.
González considera que Zapatero «debería haber dejado el proceso de sucesión en manos del comité federal». «Se trata de abrir el melón y cerrarlo», dijo, para evidenciar su temor a las consecuencias de una larga lucha interna por la candidatura. Aunque como es habitual González es el único que se siente con autoridad para decirlo en público, otros destacados dirigentes del partido piensan lo mismo. Y, de hecho, trabajan en la sombra para impedir que eso suceda.
No se trata ya de eludir las primarias como propone el ex presidente, porque eso es estatutariamente imposible, pero sí de intentar que en ese proceso solo haya un aspirante y que por tanto no sea necesario llegar a una votación que serviría para designar al sucesor, pero también para evidenciar las cuotas de poder con las que cuenta cada sector del partido.
Entre quienes consideran que lo mejor para el PSOE es que Rubalcaba sea el único que se ofrezca para ser el candidato y que por lo tanto sea elegido directamente sin oposición alguna figuran, además de González, el ex presidente de la Junta de Andalucía Manuel Chaves y el vicesecretario general socialista, José Blanco.
El responsable de Fomento está mostrando una exquisita neutralidad en todo este proceso, entre otras cosas porque es el máximo responsable de la organización de las primarias. Pero él mismo ha admitido que ser neutral no es ser «indiferente». Según fuentes del partido, el objetivo del aparato es que Pérez Rubalcaba sea elegido sucesor de Zapatero sin violentar en ningún momento los estatutos. Esa estrategia pasa por desalentar la posible candidatura de la ministra de Defensa, Carme Chacón, a la que se considera como la opción más seria para entrar en la disputa de unas primarias.
Chacón no se da por enterada
Los partidarios de una candidatura única de Rubalcaba tratan de hacer llegar a Chacón con sus declaraciones públicas a través de los medios el mensaje de que la consideran una buena opción de futuro para el partido. Pero también la advertencia de que retar ahora al vicepresidente podría acabar perjudicando precisamente esas expectativas.
Pero Chacón no solo no se da por enterada, sino que fomenta que se la visualice ya públicamente como una aspirante a suceder a Zapatero. «Entiendo que ustedes ahora tengan que ir a por mí a cualquier precio y hacerme responsable de todo», respondió el pasado martes en el Congreso, sin venir mucho a cuento, ante una intrascendente pregunta del PP. Convencidos ya de que Chacón no se va a retirar sin plantear batalla, el plan B pasa por sondearla para formar un tique electoral con Rubalcaba, una opción que cada vez cuenta con más adeptos en el partido. El problema es que ni a Rubalcaba le gusta ni Chacón ha dicho que sí. Por ahora.