Blanco Valdés: «La Constitución es intocable, pero se reforma por debajo de la mesa»
ESPAÑA
El profesor de la universidad compostelana repasa en su última obra el desarrollo de la democracia parlamentaria a lo largo de la reciente historia de Europa
13 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Coincidiendo con el bicentenario de las Cortes de Cádiz, el catedrático Roberto Blanco analiza en su última obra, La construcción de la libertad , la génesis de la democracia constitucional en Europa, desde la Ilustración hasta nuestros días. Apasionado defensor de la Constitución española de 1812, «uno de los grandes textos del período», cree que España debe «mirar con orgullo» a su tradición constitucional.
-El siglo XIX no es un siglo negro para España. Países como Dinamarca o Italia se incorporan más tarde a la carrera constitucional. España no ha sido nunca tan diferente, tampoco en este terreno.
-Sin embargo, falta una aportación española comparable a la Declaración de Independencia americana o a las ideas de la Ilustración.
-Es cierto que España no tiene un Montesquieu o un Jefferson, pero cuenta con algunos de los grandes parlamentaristas del XIX: Rafael de Argüelles, el conde de Toreno, y otros. Son poco conocidos porque hemos estudiado de manera superficial nuestro pasado reciente.
-Las constituciones nacen como fruto de un pacto social, pero acaban revestidas de un carácter intocable.
-Desde un principio, las constituciones, en tanto que normas supremas, adquieren un carácter sobrenatural, sacralizado. Algunas, como la de Cádiz de 1812, se imprimen con el formato de un catecismo, para que la gente las memorice.
-Esta situación se mantiene en la España actual.
-El texto de 1978 da origen a nuestra actual etapa democrática y tiene por ello un carácter especial, fundacional, fruto de un pacto político complejo.
-Ese consenso original parece perdido en el actual clima de tensión política.
-Sí. Mientras los grandes partidos no renuncien a obtener ventajas en torno al debate de la posible reforma constitucional, es difícil que esta se haga. Esto se ha vuelto en nuestra contra. Al final, consideramos que la Constitución es intocable y luego la reformamos por debajo de la mesa.
-¿En qué sentido?
-Bueno, el caso del Estatuto de Cataluña es el ejemplo reciente más claro.
-¿Se ha vuelto el sistema autonómico contra la Constitución que lo sustenta?
-El problema es la indefinición. La Constitución no dice cuántas comunidades autónomas hay, ni cierra su mapa de competencias. Nuestro sistema es un sistema de corte federal, aunque se da la paradoja de que para ser un Estado verdaderamente federal nos haría falta menos descentralización y más cooperación entre las Administraciones. Y devolver algunas competencias al Estado central. Pero sería muy difícil conseguir el apoyo de los nacionalistas para estas reformas, y resultaría absurdo impulsar un nuevo proyecto que al final contase con menos apoyos de los que tuvo el texto de 1978.
-Siempre queda el recurso de acudir al Tribunal Constitucional.
-Que está politizado y del que en España se abusa innecesariamente. El propio caso del Estatuto catalán lo demuestra. Los partidos deberían haber buscado un consenso previo en lugar de trasladar un problema de origen político al tribunal.
-Si la constitución democrática es uno de los grandes logros culturales europeos, ¿por qué ha fracasado el intento de constitución de la Unión Europea?
-El desarrollo de las constituciones viene de la mano del Estado nacional, y Europa no es un Estado. En torno a este debate se han generado unas expectativas exageradas. Los europeos ya viven bajo un régimen de libertades garantizadas por sus respectivas constituciones. ¿Qué mejoras podría añadir un nuevo texto?