Una gestión marcada por los encontronazos con Salgado

G.?B. MADRID/LA VOZ.

ESPAÑA

La baja de Corbacho en el Gobierno despeja también la duda sobre el modelo de Gabinete que se plantea Zapatero. El titular de Trabajo ha tenido muy serios encontronazos con la vicepresidenta segunda y ministra de Economía, Elena Salgado, que lo desautorizó cuando propuso elevar el período de cálculo de las pensiones o cuando estimó en cerca del 20% el peso de la economía sumergida en España.

Queda claro que Salgado gana la batalla, que Zapatero no tocará su equipo económico y que Salgado sigue contando con la confianza del presidente para ejecutar sus planes frente a la crisis. El objetivo de los cambios que lleguen no será por tanto reforzar el perfil económico sino el de dar más poder político a los pesos pesados del partido.

Pasado brillante en Cataluña

Corbacho era consciente hace tiempo de su posición de debilidad. «Tardé media hora en hacer la maleta para venirme a Madrid y con un cuarto de hora tendría bastante para volverla a hacer y regresar a Hospitalet», afirmó ya en junio del 2010 ante los rumores sobre su cese. Ahora, prepara ya esa maleta pero antes le quedará el último trago amargo de asumir el coste político de la huelga general convocada para el 29 de septiembre.

Tras su más que discreto papel como ministro de Trabajo, Corbacho regresa a Cataluña, en donde ejerció durante catorce años como alcalde de Hospitalet, uno de los feudos del socialismo catalán en el cinturón rojo de Barcelona y la segunda ciudad más poblada de la comunidad. Antes de eso, ocupó el cargo de concejal en ese mismo municipio durante once años. Fue además presidente de la Diputación de Barcelona del 2004 al 2008.

De 61 años, nacido en Valverde de Leganés (Badajoz) y criado en Barcelona, casado y sin hijos, Corbacho vuelve a su tierra bautizado por la oposición como el «ministro del paro». Lo cierto es que le ha tocado el papel más difícil de un Gobierno al que llegó como ministro también de Inmigración y en el que pensaba repetir el éxito en ese campo que logró en Hospitalet. «La inmigración es un reto que se ha de gobernar», es uno de los lemas de Corbacho, que compatibilizó una política de tolerancia cero con la inseguridad con el diálogo y el apoyo a las asociaciones de inmigrantes.