PSOE y PP se atizan tras la cumbre

Rajoy culpa a Zapatero de decirle no a todo lo que le propuso en la Moncloa, y el Gobierno le responde acusándolo de electoralismo y de falta de responsabilidad


madrid/la voz.

Todo sigue igual. El día después de la reunión entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy en la Moncloa, socialistas y populares volvieron a tirarse los trastos a la cabeza. El Gobierno y el PSOE se centraron en criticar lo que consideran electoralismo del líder del PP, al que acusaron de ser incapaz de lanzar un mensaje inequívoco de confianza a los mercados. Por su parte, Rajoy argumentó que el jefe del Ejecutivo le dijo «no a todo» lo que le propuso en el encuentro.

La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, aseguró que en Rajoy «primó la voracidad electoral frente a la responsabilidad», ya que «no era el lugar ni el momento» para decir lo que dijo.

En la misma línea se manifestó Manuel Chaves, que criticó su «obsesión electoralista» y pidió al PP que «asuma responsabilidades frente a la crisis económica». El vicepresidente tercero dijo que el dirigente popular «no fue capaz de desprenderse de sus intereses particulares y electoralistas y de dejar de comparar la situación de España con la de Grecia».

Por su parte, la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, pidió a Rajoy que defienda «con rotundidad» que la economía española, aunque tiene problemas, es fuerte y «nadie debe tener dudas sobre su solvencia». Más dura fue la secretaria de Relaciones Internacionales, Elena Valenciano, quien criticó que diera «prácticamente un mitin de campaña electoral» y optara «más por el electoralismo que por la responsabilidad». «Es como si no quisiera llegar a acuerdos a los que realmente sí ha llegado, como si le molestara trasladar ese mensaje, como si a pesar de los acuerdos, quisiera trasladar un mensaje de desconfianza y, justamente, se trataba de lo contrario», concluyó.

Significativamente, los socialistas valoraron de forma positiva la reunión y destacaron los dos acuerdos alcanzados. Los populares, en cambio, responsabilizaron a Zapatero de que solo se llegara a pactos sobre la ayuda a Grecia y las cajas. El propio Mariano Rajoy dijo que su interlocutor se negó a aceptar todas sus propuestas, como la reducción del déficit mediante un plan de austeridad, porque «no se puede gastar lo que no tenemos», y una reforma laboral, pero «me dijo que eso lo tienen que resolver la patronal y los sindicatos». «Los españoles deben saber que hay una oposición que piensa de manera diferente», dijo.

Reformas urgentes

La secretaria general, María Dolores de Cospedal, manifestó que si la reunión de los dos líderes ha creado «desazón o desesperanza» en la sociedad se debe a la «inacción» de Zapatero, que «no quiso reconocer que hace falta un plan de reformas urgentes». Consideró un «chiste de mal gusto» que el Gobierno, que es el que debe tomar decisiones, acuse a la oposición de su fracaso. «Lo que no podemos es apoyar al Gobierno cuando no va en la dirección adecuada», aseguró.

El vicesecretario de Comunicación, Esteban González Pons, calificó el discurso del presidente del Gobierno de «boy scout ingenuo» y dijo que es «la cigarra de la fábula». Asimismo, se refirió de una forma particular a la petición de tres años y medio de cárcel a Isabel Pantoja. «Cuanto peor van las cosas, más vamos a hablar de la Pantoja», recordando los tiempos en los que, también gobernando el PSOE, se juzgó a Lola Flores por delitos fiscales.

Como es habitual, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, entró en un asunto de política nacional y señaló que en una situación económica crítica como esta, lo que desestabiliza a los mercados es «no decir la verdad» y no acometer las reformas imprescindibles, como hace Zapatero.

La discrepancia de fondo entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición es la forma de reducir el déficit público. El primero está radicalmente en contra de efectuar una rebaja drástica este mismo año, porque está convencido de que perjudicaría el crecimiento económico. Su objetivo es bajarlo en 5.000 millones y llegar gradualmente al 3% en el 2013.

Rajoy cree, en cambio, que hay que hacerlo con mayor rapidez, con un recorte del doble, 10.000 millones en el 2010, y sin bajar los impuestos. La vicepresidenta Fernández de la Vega lo emplazó a que concrete cómo lo reduciría.

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