El paseíllo del magistrado Baltasar Garzón a media mañana de ayer por la plaza de la Villa de París, camino del Tribunal Supremo, no es el primero, ni previsiblemente será el último del polémico magistrado de la Audiencia Nacional.
La denuncia judicial por la que declaró ayer es la cuarta a la que se enfrenta en lo que va de año, aunque sea la primera en la que lo hace en calidad de imputado.
La ofensiva empezó en los últimos meses del 2008 y se reanudó a comienzos de este año con la denuncia presentada el 25 de febrero por el Partido Popular para tratar de frenar la investigación del caso Gürtel por un presunto delito contra los derechos individuales de los ciudadanos que fue archivada el 7 de abril.
Semanas más tarde, concretamente el 27 de mayo, el Tribunal Supremo admitía a trámite la querella presentada el 26 de enero por el colectivo ultraderechista Manos Limpias contra el magistrado por su intervención en la causa de los crímenes de la Guerra Civil y el franquismo. Querella a la que se acumularía la presentada el 10 de marzo y admitida el 24 de junio por el colectivo Libertad y Justicia, también de ideología de ultraderecha.
Numerosas querellas
Mientras tanto seguía coleando la denuncia presentada, también ante el Tribunal Supremo, por el abogado alicantino Antonio Panea, en la que acusaba al magistrado de de haber recibido 1,7 millones de dólares del Banco de Santander para financiar su estancia en Nueva York, supuestamente en pago del archivo de una causa contra el presidente de la entidad financiera.
La querella, una vez más, fue archivada, no sin que antes el instructor de la causa -el mismo que de la actual, Luciano Varela- enviase el expediente al Consejo del Poder Judicial, por si los hechos pudieran ser objeto de sanción disciplinaria, cosa que al final tampoco ocurrió.
Además de las querellas judiciales, el Consejo está recibiendo y resolviendo constantemente denuncias contra Baltasar Garzón. Solo los representantes de Manos Limpias llevan presentadas más de una docena.