Fuga cantada, polémica evitable

ESPAÑA

El recurso del fiscal y su tardía resolución dieron pie al enfrentamiento entre los jueces Eloy Velasco y Baltasar Garzón y a la desaparición de la etarra Maite Aranalde

06 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Oficialmente, el año judicial no se abre hasta el próximo día 21, pero la Audiencia Nacional ya ha vuelto a ser noticia, antes incluso de que acabase la tregua vacacional de agosto. Y lo ha sido una vez más por dos resoluciones judiciales contradictorias que afectaban a la misma persona: Maite Aranalde, una etarra que había sido entregada el día anterior por las autoridades judiciales francesas.

Esta presunta terrorista, no coyuntural, según evidencia su currículo personal y familiar, está en paradero desconocido porque el magistrado Eloy Velasco, sustituto por vacaciones del instructor de la causa, Baltasar Garzón, en ejercicio de sus legítimas competencias jurisdiccionales, dio a la etarra la opción de no volver a la cárcel si depositaba una módica fianza de 12.000 euros.

La sorprendente decisión del juez Eloy Velasco se le vendió a la opinión pública como algo inevitable porque las autoridades francesas habían extraviado uno de los dos expedientes de extradición que afectaban a la presunta terrorista y porque el que traía debajo del brazo cuando llegó a Madrid, a juicio del juez Velasco, parece que no tenía chicha suficiente porque otros procesados por los mismos hechos, cuando fueron juzgados, resultaron absueltos.

Nada más reincorporarse a su despacho, el juez responsable originalmente de la causa, Baltasar Garzón, enmendó la plana a su sustituto y revocó de forma rápida y contundente su auto de prisión provisional eludible con fianza, decretando su prisión incondicional. Como era más que previsible, Maite Aranalde no esperó a que llegase la policía para poner tierra por medio y Garzón tuvo que decretar inmediatamente su busca y captura.

Pero todo ello fue posible gracias al oportuno recurso de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, presentado nada más serle notificado el auto del juez Velasco, pero, contrariamente a lo que suele ser habitual en casos como este, no fue resuelto ese mismo viernes, aunque sí le dio traslado de él al abogado de la etarra, que, lógicamente, agotó los plazos legales para contestar.

La polémica, una vez más, estaba servida. Las reacciones no se han hecho esperar. La más sorprendente fue la del nuevo presidente de la Audiencia Nacional, quien, con sus acreditadas dotes diplomáticas, dio por buenas -jurídicamente hablando, se entiende- dos resoluciones tan dispares y contradictorias, eso sí, con el apoyo unánime de la sala de gobierno de la casa de los líos. A todo lo más que llegaron fue a sugerir al Gobierno que, cuando le toque asumir la presidencia comunitaria, en enero próximo, plantee la simplificación de las euroórdenes, un instrumento de cooperación judicial que hasta la fecha nadie había cuestionado

A micrófono cerrado, la unanimidad brilla por su ausencia, ya que si bien algunos reconocen que el auto de Garzón carga un poco las tintas a la hora de desvirtuar los argumentos de su sustituto, no dejan de reconocer que lo hace en términos estrictamente jurídicos y, por supuesto, menos sangrantes de los empleados hace un año con el recurso de la Fiscalía en el tema de la Ley de Memoria Histórica.

Fuentes jurídicas ajenas a la polémica no han ocultado su sorpresa, cuando no estupor, ante el hecho de que se justifique la prisión no incondicional alegando el extravío de uno de los expedientes de extradición por las autoridades francesas, cuando hace tiempo que vienen prestando una colaboración sin precedentes en la lucha contra el terrorismo etarra.

Por otra parte, de la lectura del auto revocatorio de Garzón se desprende con meridiana claridad que, con la ley en la mano, no era imprescindible el expediente extraviado para que Maite Aranalde ingresara en prisión. Por todo ello, lo que sí parece evidente es que, por muy jurídicamente correcta que haya sido la resolución del juez Eloy Velasco, no era inevitable ni encaja con el más elemental sentido común. Tal vez el problema radique, como advertían los manuales de filosofía del viejo bachillerato, en que es el menos común de todos los sentidos.