Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: Boccodivino Este restaurante celebra su quinto cumpleaños con un cambio total de «look» a cargo de Ignacio García de Vinuesa y destacadas mejoras en su carta, que me pareció suculenta
19 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Los colores de la nueva decoración resultan relajantes, y los cuarenta comensales que admite el aforo a mesas llenas pueden almorzar o cenar sintiéndose libres de agobios por parte del servicio, deferente pero nada machacón, y también de los demás clientes, es decir, a su aire. El restaurante es ahora más luminoso que en sus días inaugurales, cuando me pareció detectar ciertas zonas de penumbra en sus comedores, pero sus lámpara regulables de onix, con dos atmósferas distintas para almuerzos y cenas, hacen que dicha luz sea tamizada y cómplice, nada obstrusiva. Por otra parte, sigue sorprendiéndome, igual que antaño, la inmensa carta de vinos italianos, sin parangón en Madrid ni en España, que yo sepa. ¿Y en Italia? Italia es muy grande y no estoy en disposición de contestar a mi propia pregunta, pero sí declaro que en Cerdeña (Ignazio Deias, fundador, propietario y director del establecimiento es sardo), no he visto nada semejante en parte alguna, y eso que me he alojado en el Cala di Volpe, el Piatrizza y el Romazzino, inefables hotelitos-hotelazos, y he cenado en Il Pescatore, que abre su terraza-atalaya sobre el Village de Marina Porto Cervo, tan exclusivo. Por lo que se refiere al arte de manducar, la carta del Boccondivino (calle Castelló, 81, Madrid, Teléfono 915 757 947) es casi tan amplia y comprensiva como el artículo 1.114 del antiguo Código Civil, con perdón, sobre todo en la sección antipasti o entrantes, de la que elijo, no sin reservas, la ensalada rusa con carne cruda y mayonesa a la trufa negra, muy distinta a la «nuestra», con aspecto de flan de steak tartar tocado con boina mayonesera, aunque resulta harto sabrosa, y las milhojas de pan sardo con queso de oveja, trufa negra y huevo de codorniz, consiguen efectos sápidos sorprendentes. En la misma zona de la carta encontramos los carpaccios, por ejemplo el de solomillo de buey con vinagreta al parmigiano, y una gran variedad de ensaladas. Muchas pastas fresquiñas, o sea, ya saben, entre las cuales nos decantamos por los fetuccine con aceite parmesano, yema de huevo y pimienta, dos risottos, tres pescados y el capítulo de carnes, que merece atención especial por la presencia del solomillo de buey troceado con chalota, y es que no se trata de un solomillo cualquiera, ¡quiá!, porque pertenece a la variedad bovina fassone piamontese , caracterizada por la buena maduración de la carne y la infiltración óptima de la grasa. Ignazio Deias la importa con amor y ardor patrióticos, y encima la sirven muy poco hecha, es decir, tal y como se ha solicitado, lo que sucede pocas veces en este país nuestro tan suyo. Notable más plus. El tiramisú, muy cremoso, aprueba también la Selectividad... y de mi visita anterior y ya remota recuerdo una carta muy selecta de whiskies y grapas, aunque esta vez no me quedaba tiempo para disfrutar del dios Baco y el dolce far niente . ¡Ah!, parece que el Boccondivino está a punto de inaugurar su temporada de trufas blancas, y ya se sabe que «trufas blancas no ofenden».