Crónica | El precedente gallego de la ocupación de pisos En el verano de 1977, en Caranza fueron asaltados y ocupados 416 pisos sociales por una masa formada por personas realmente necesitadas, y por muchos aprovechados
05 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Las imágenes de las ocupaciones de viviendas en la localidad granadina de Jun han traído a la memoria de los ferrolanos lo ocurrido en el verano de 1977, cuando 416 pisos del barrio de Caranza fueron asaltados y ocupados. El conflicto era uno más para una ciudad cuyos astilleros entraban en una grave crisis con sus secuelas de paro y despidos. También fue otra estaca lanzada a la rueda de la transición política. La sociedad ferrolana se dividió en dos ante los ocupantes , como se les llamó entonces. A.L.F., actualmente directivo de la asociación vecinal del barrio, lo dice abiertamente: «Muchos -se refiere a los okupas - están ahora en unos pisos macanudos en Ferrol». Habla del grupo al que se le asignó un edificio nuevo en el barrio de Esteiro. M.N.L., que con su mujer y su niña de 3 años fue uno de los que dio una patada en la puerta y se instaló en uno de los pisos, dice que hubo pocos oportunistas entre ellos. «Éramos todos jóvenes. Es la imagen que me queda, los cientos de parejas con niños». Aunque sí reconoce que una parte de los invasores han vendido ya el piso que les adjudicó la Administración como parte del acuerdo de solución del conflicto. Todo comenzó con los conocidos como bloques de Vosa, una constructora que levantó parte de los edificios del nuevo barrio de Caranza. El Ministerio de la Vivienda se negó a recibirlos por sus deficiencias, fallos constructivos e inadecuaciones al proyecto. La crisis económica arrastró también a la quiebra a esta constructora, por lo que los bloques permanecieron durante años sin habitar, pero adjudicados ya o asignados a colectivos determinados mediante un modelo franquista de cupos por profesiones y estamentos. Vosa había construido también otros edificios en Narón, de iniciativa privada, que quedaron a medio terminar y con los compradores en la calle. Fueron parte de estos afectados los que decidieron iniciar las ocupaciones en Caranza, pero sólo como medida de presión. Y a ellos los siguieron los restantes. Luego siguieron otros asaltos en barrios de Madrid, Sevilla, Córdoba, Cádiz y, sobre todo, de Barcelona. La corrupción de la Administración en las adjudicaciones y el agitado clima político del momento fueron el caldo de cultivo de este movimiento. La izquierda ferrolana se dividió: el PCE, entonces hegemónico, se pronunció en contra, y en el otro lado -a favor- estaban los grupos prochinos, como el MC y PT, los troskistas de la LCR, más toda una sopa de letras de formaciones políticas. Entre aquella marea humana había verdaderos casos de necesidad, como mujeres con hijos abandonadas por sus maridos cuando el divorcio y los derechos femeninos eran imaginarios. La solución llegó después de complicadas negociaciones. Los okupas accedieron a desalojar los pisos y a trasladarse a albergues y pisos prefabricados -las modulares- a la espera de futuras viviendas. Los edificios invadidos quedaron asignados a sus adjudicatarios. El único bloque que fue desalojado a la fuerza fue el que había sido adjudicado por cupo a la policía, que se tomóen aquel momento, la justicia por su mano.