«Aunque pienses que les das mucho, ellos te dan más»

madrid Carmen Romero MADRID

ESPAÑA

J. L.

CARMEN, CINCO AÑOS SEGUIDOS ACOGIENDO A NIÑOS SAHARAUIS

06 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«He visitado varias veces los campamentos y he visto como viven, la injusticia de que estén en esas condiciones». Junto a su marido, Carmen lleva ya cinco años acogiendo durante el verano a niños saharauis. Ambos, además, desempeñan un labor activa en el programa Vacaciones en Paz y conocen a la perfección la situación de este pueblo de refugiados: «Viven en jaimas -grandes tiendas de campaña- o en casas de adobe. La parte del desierto donde habitan, la hammada, es la más dura: el agua es escasísima y las temperaturas alcanzan los 55 grados a la sombra». cuenta Carmen. Durante estos cinco años, ya son tres los niños que han pasado por su casa. El primero, uno de 12 años que convivió con ellos un solo verano (las edades comprendidas en el programa son de 7 a 12 años). El segundo, otro chico que repitió con ellos al año siguiente. Y, por último, una niña -Nasah, de 12 años- que ya pasa con ellos su segunda temporada. «Son unos niños encantadores, cariñosos. Aunque tú pienses que les das mucho, ellos te dan muchísimo más», afirma esta experimentada madre de acogida. A pesar de llevar ya cinco veranos coviviendo con pequeños saharauis, a Carmen no deja de asombrarle su «increíble capacidad de aprendizaje». Parece ser que un niño que llega a España sin las más mínimas nociones de castellano, aprende las palabras básicas y es capaz de manejarse en 15 días. Además, tienen un excepcional dominio de la mímica. La explicación, para esta colaboradora de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, es sencilla: «La necesidad agudiza los sentidos». Para este matrimonio, las ventajas de la convivencia estival con niños de los campamentos saharauis son muchas. Una de ellas es el aprendizaje que supone para los propios hijos. «Llega un momento en que a un niño español le llevas al Parque de Atracciones y ni le llama la atención. Cuando mis hijos han estado con estos niños, lo han visto todo con ojos distintos, se han dado cuenta de que hay gente que no vive como ellos». Aunque los hijos de Carmen tienen ahora ya 14, 22 y 23 años, su madre considera que el hecho de haber convivido con niños saharauis durante cinco veranos seguidos les ha enseñado a «valorar lo que tienen». La relación con los hermanos españoles es «muy normal. Tienen sus pequeñas regañinas y, sin darse cuenta, ellos mismos se comportan como si fueran realmente hermanos». Además, el niño saharaui desempeña una importante labor de «embajador». Buena parte de la población no conoce bien el problema del Sáhara, y «cuando te preguntan por el niño, cuentas la historia política. Los compañeros de facultad de mis hijos se saben el problema saharaui al dedillo», afirma Carmen. En 1987, veinticinco niños saharauis vinieron a pasar el verano a España. Aquí les esperaba una cultura nueva, llena de sorpresas -desde un semáforo hasta una piscina: todo les era desconocido-, radicalmente diferente a los campos de refugiados que eran, hasta entonces, su único horizonte. Este año han sido casi 10.000 los pequeños que han subido en un avión para convivir, durante dos meses, con familias españolas. 326 de ellos han recalado en la Comunidad de Madrid y 75, en la capital. Durante los primeros años, los refugiados se alojaban juntos en colegios públicos, pero desde 1993 se ha impuesto el modelo de las familias o padres acogedores, que comparten su vivienda con el chaval durante los meses estivales. En España existen, actualmente, unas 500 asociaciones de Amigos del Pueblo Saharaui, de las cuales 14 operan en la región madrileña y trabajan conjuntamente en el programa Vacaciones en paz. Mercedes González, la coordinadora del proyecto para Madrid capital, explica la ventajas de la convivencia con padres españoles: «Es mejor que se integren en una familia. Los niños son los mejores embajadores de cualquier tema. ¿Por qué conocemos los problemas de Bielorrusia y Chernobil?». La respuesta, para Mercedes, es la influencia que han tenido en la opinión pública los niños y niñas de esta procedencia que pasaron veranos en España. Campamentos saharauis «Al pueblo saharaui no se le ha dado el referéndum ofrecido, y siguen viviendo en campamentos de refugiados cuando, obviamente, no quieren estar bajo el dominio marroquí», denuncia la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui en Madrid, que insiste en que el problema de la antigua colonia española -hasta 1975- «sigue estando vigente. Mientras tanto, nuestra ayuda es necesaria». Los mismos niños que durante apenas dos meses experimentan el modus vivendi de las familias españolas sufren en los campamentos una situación bien distinta. Los miles de saharauis que, con la invasión marroquí y mauritana, tuvieron que huir de sus hogares para refugiarse en la hammada de Tinduf, en Argelia, o en las regiones más recónditas del Sáhara Occidental, soportan tempetraturas estivales de más de 60 grados, consideran el agua un bien precioso y dependen de la ayuda internacional. Por eso, cuenta Mercedes, «los casos en que los padres saharauis se niegan a enviar a su hijo de vacaciones a España son muy escasos». La convivencia del niño con la familia acogedora crea un vínculo favorable: «Les mandan regalos, les ayudan». Una buena alimentación ¿Qué aporta al niño su estancia en España? Todo. «Recibe una buena alimentación, pasa un reconocimiento médico, conoce otra cultura y aprende español, que es su segundo idioma en la escuela», afirma la coordinadora de Vacaciones en Paz para Madrid. El proceso para acoger a un saharaui de 7 a 12 años -ésa es la franja de edad comprendida en el programa- sigue unas pautas determinadas. Los padres suelen tener noticia de Vacaciones en Paz a través de los medios de comunicación o de alguien que ha vivido la experiencia. Cuando se ponen en contacto con la asociación, se les cita para una charla de dos horas, que explica cómo es la acogida del niño y realiza un repaso político-histórico a los avatares del pueblo saharaui desde el fin del dominio español, en 1975. «No hay requisitos. No pedimos DNI, estado civil ni declaración de la renta», explica Mercedes, coordinadora del programa en Madrid capital. La única condición es que los candidatos pasen el control de un psicólogo. «Más que rechazar nosotros, son ellos los que cambian de idea». Al final, de los 110 solicitantes de Madrid capital, 75 han seguido adelante. Luego, la historia continúa: los niños repiten el verano siguiente con la misma familia, los padres españoles se desplazan hasta los campamentos... Ya son miles las historias que contar. Convivencias breves pero imposibles de olvidar. El próximo 12 de julio, todas las familias españolas que han acogido a un niño saharaui este verano están convocadas a una reunión en la plaza Mayor de Madrid. Podrán comparar experiencias.