Cuando el racismo lleva uniforme

La Voz

ESPAÑA

ALBERTO MARTÍN

Cinco de los casos más graves de torturas En España, el color de la piel puede condenar a una persona a ser detenida y torturada. Muchos abusos de poder que la opinión pública rechaza, pensando que sólo se producen en países sometidos a una dictadura, se registran muy cerca. Amnistía Internacional (AI) dice tener constancia de más de 300.

17 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Una de las víctimas de estas actuaciones es Benaissa Belaouni. Un ciudadano marroquí con residencia legal en España que afirma que seis agentes de policía lo arrojaron de un golpe al suelo, lo golpearon con porras de goma y le propinaron patadas y puñetazos para detenerlo hace dos años. En la comisaría de Chamberí, en Madrid, continuaron golpeándolo mientras estaba esposado. Benaissa Belaouni tenía dificultades para encontrar un empleo permanente y mantenía a sus tres hijos mediante la venta de discos compactos piratas, motivo por el que fue detenido. Benaissa asegura que uno de los agentes le increpó diciéndole: «Moro chulo, hijo de puta, ¿ahora qué vas a hacer?». Belaouni presentó una denuncia judicial y el Ayuntamiento de Madrid abrió una investigación a los seis agentes, pero nunca tomó medidas contra ellos. En Barcelona, Driss Zraidi, de nacionalidad marroquí, afirma que fue agredido por agentes de la policía autonómica de Cataluña. En agosto de 1998, lo interceptaron en un control de identidad. Según los informes, en esta primera ocasión lo asieron por la nuca y le empujaron la cabeza contra la pared, haciéndole sangrar. En la comisaría, varios agentes entraron en el calabozo para gritarle: «¡Márchate a tu país, moro de mierda!», y le dieron puñetazos. Un médico lo examinó y aconsejó su traslado a un hospital. Tenía tres costillas rotas y lesiones torácicas. Zraidi no puede pagar un abogado que se interese por su caso. Niños de la calle Karim Bouitali, de nueve años de edad, fue uno de los ocho niños marroquíes a los que la policía abandonó en la frontera de Marruecos con el enclave español de Melilla el 18 de diciembre del 2001. En teoría, los menores habían sido entregados a la policía marroquí. En la práctica, fueron abandonados a su suerte en la calle. Karim fue visto esa misma noche llorando, empapado y entumecido de frío bajo una lluvia torrencial, aferrándose a la valla fronteriza. Los menores habían sido obligados a firmar unos documentos que no habían leído y fueron transportados en vehículos por policías armados españoles para su expulsión. En la frontera no había ningún familiar o trabajador de los servicios sociales que se ocupara de ellos. Según los informes de AI, uno de ellos, Amin Sghir, de 13 años, dijo que un agente marroquí le había abofeteado. Otro, Ali Abderrahim Maadi, de 17 años, aseguró que los agentes de la policía española le habían esposado e insultado. Miriam Rosa Verástegui es una peruana que fue detenida en Madrid durante una comprobación rutinaria de la documentación. Asegura que la noche del 20 de junio de 1998, la misma que pasó en la comisaría, un agente la violó. Un día después una mujer del mismo cuerpo policial la convenció de que debía denunciar la agresión. Finalmente, Miriam Verástegui declaró que, a las dos de la madrugada, el policía nacional que estaba de servicio entró en su celda y la violó. Cuando intentó huir, volvió a agredirla sexualmente. Las pruebas realizadas en un hospital hallaron restos de semen en su ropa interior. En una reunión mantenida el 29 de junio de 1998 entre Miriam Verástegui y el acusado en presencia de un juez de instrucción y un fiscal, el agente aseguró que Miriam había presentado cargos falsos contra él para quedarse en España. El juicio se ha aplazado en dos ocasiones, pero está previsto que tenga lugar este mes. António Augusto tuvo menos suerte y murió el 20 de mayo del 2000, la primera noche que pasó en una comisaría, en Lanzarote. La investigación sobre su muerte fue inadecuada y estuvo plagada de contradicciones. La policía dijo inicialmente que había muerto porque se había tragado un paquete de heroína. Más tarde dijo que había muerto de un ataque al corazón. Su familia asegura que la policía lo confundió con un narco, le dio una paliza y lo estranguló, causándole la muerte. Las fotografías que tomaron en el depósito de cadáveres parecían confirmarlo.