Desde principios de los años noventa, Nigeria ocupa un lugar destacado en el tráfico ilegal de mujeres destinado a la prostitución Aunque se confunden con los marroquíes a la hora de dar el salto, poco tienen que ver con ellos. El tráfico de inmigrantes subsaharianos, en esencia nigerianos, tiene una creciente organización que se extiende por toda Europa. Los traficantes de mujeres destinadas a la prostitución han encontrado un excelente punto de entrada en el Estrecho o Canarias.
07 jun 2019 . Actualizado a las 12:02 h.Desde principios de los años noventa, Nigeria ocupa, dentro de los países subsaharianos, un lugar destacado en cuanto al tráfico ilegal y perfectamente organizado de mujeres destinado a la prostitución. Se trata de las muchas de las jóvenes de color que dicen ser jamaicanas, liberianas _o de cualquier otro país que se les ocurra_ en los clubes de alterne distribuidos a lo largo de la geografía española, además de lugares tan simbólicos como la Casa de Campo o Capitán Haya en Madrid, extrarradios de Valencia... por citar algunos. Más difícil es asimilar que son exactamente estos rostros los mismos que se nos muestran desamparados en una patera recién llegada o en un campo de refugiados sito en Ceuta o Melilla. Joyce ha sido vendida por poco más de un millón de pesetas. Un exceso de oferta redujo los precios a la mitad. Otras mujeres esperan su vez en un piso de Málaga. Origen: Nigeria, tras un largo camino hasta llegar a Marruecos, desde donde embarcaría a la península. Destino: variable, a elegir entre un burdel o, si tiene menos suerte, prostituta callejera. La documentación de Joyce es más bien escasa, tan sólo un papel policial que dice que ella es supuestamente de Sierra Leona y que tiene quince días para abandonar el país _ambos extremos le hacen esbozar una sonrisa_. Detenida por la Guardia Civil en una playa de Tarifa, fue llevada rápidamente a una comisaría, de donde salió con igual celeridad. Ya la estaban esperando aquellos que patrocinan su viaje _conocidos como sponsors_. Su deuda asciende a seis millones de pesetas, cantidad que fluctúa con el dólar. Por lo demás, no sabe _ni le importa_ lo que significa permiso de residencia ni eso del efecto llamada. Sin embargo, cree saber lo suficiente: que no la pueden deportar y que ganará lo que ella entiende como mucho dinero. Idowu cuenta una historia parecida, pero ella no ha sido vendida en España sino que viene patrocinada directamente desde Nigeria. Relata con emoción su aventura, particularmente el salto por el Estrecho. El que organizó el viaje, todo un profesional, sólo utiliza lanchas neumáticas nuevas, en perfecto estado. Las compra, enseña a alguno de los hombres su manejo y se olvida de ellas una vez desembarcan. Un viaje de sólo ida. Al fin y al cabo, doscientas mil pesetas por cabeza si se trata de hombres y casi trescientas mil si son mujeres hacen insignificante el coste de la lancha. Se distingue claramente de los marroquíes y también de los desamparados: aquí se trata de cruzar una mercancía valiosa que hay que cuidar, particularmente a las mujeres.