Claves para facilitar el proceso de adaptación de los hijos a la nueva pareja
28 feb 2019 . Actualizado a las 13:42 h.«¡Tú no eres mi padre!» o «¡Ni siquiera eres mi madre!» son las típicas respuestas airadas que pueden recibir las nuevas parejas cuando hay un menor de por medio que percibe esta nueva figura como una amenaza o falso sustituto de su padre o madre biológico. Este tipo de frases, además, son habituales cuando se ejerce cierta presión para que los hijos acepten con rapidez al nuevo cónyuge, cuando efectivamente hay una confusión en los roles y también cuando la separación o el divorcio ha sido especialmente conflictivo y difícil de asimilar. En todo caso la pregunta es: ¿es esta reacción normal? La respuesta es sí. De hecho, el rechazo de los hijos a la nueva pareja, junto a las falsas expectativas, los celos y la competitividad entre los hermanastros, es uno de los cuatro desafíos más frecuentes a los que se enfrentan las nuevas familias. Ante esta situación, dar tiempo a los hijos para asimilar la nueva estructura y no forzar es la primera recomendación que dan los expertos.
Y también sugieren seguir las siguientes directrices:
1. Antes de presentar a la nueva pareja es importante asegurarse de que se trata de una relación estable y con un proyecto de futuro. En caso contrario, es mejor esperar.
2. Dejar pasar un tiempo prudencial después de producirse la separación y antes de dar a conocer a la nueva pareja.
3. No presentarla en un encuentro casual sin haber hablado del tema. Es preferible que antes se expliquen algunos detalles acerca de su vida.
4. Los primeros encuentros deben ser breves, y mejor fuera de casa: compartir un paseo, una comida o un refresco es suficiente.
5. Dejar vía libre para que el menor pregunte todo lo que quiera a la otra persona. Está en todo su derecho de saber quién es y cómo es.
6. No olvidar la edad del niño a la hora de explicar la situación. Los más pequeños aceptarán más fácilmente una nueva relación. Los adolescentes suelen presentar más rechazo.
7. No establecer comparaciones para hacer más simpática a la nueva pareja. Por ejemplo, es conveniente evitar decir cosas como: «¿A que cocina mejor que papá?».
8. Dejar muy claro que los padres biológicos seguirán ejerciendo su función.
9. La presencia del padre o de la madre que no vive con el niño debe ocupar con naturalidad un lugar, tanto en las conversaciones como en las fotografías...
10. Ante descalificaciones del tipo «Tú no eres mi padre» hay que reaccionar con serenidad. Se puede responder: «Es verdad, no soy tu padre, pero a él, al igual que a tu madre, le gusta que las cosas las hagas así y yo también creo que es lo mejor». De este modo, sentirá que nadie rivaliza con nadie.
11. Aceptar la desconfianza, el malhumor o las reacciones defensivas de un primer momento. Hay que tener en cuenta que es, al menos, la tercera situación familiar por la que pasa: la de vivir con sus padres biológicos, la de padres separados y la de integrar a la nueva pareja en la familia.
12. Y, en general, el cónyuge recién llegado no debe apresurarse a asumir funciones. Una relación amistosa del hijo con la nueva pareja puede tardar en llegar una media de dos años.
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Bienvenidas, familias mixtas
Cada vez son más las parejas que rehacen su vida aportando hijos de la primera relación, a veces por los dos lados. Y que además tienen hijos en común. Son las llamadas familias mixtas o familias reconstituidas, que pertenecen a una categoría heterogénea en la que tienen cabida tanto las segundas parejas de personas viudas, divorciadas o separadas como las madres solteras que constituyen un nuevo núcleo familiar.
En general, estas familias se ven obligadas a pasar por una serie de etapas evolutivas que suponen su consolidación y maduración o, por el contrario, su declive y disolución. Son estas:
La fase de la luna de miel. En la primera etapa de convivencia de la nueva familia es probable que todos intenten mostrar lo mejor de sí mismos. Los dos miembros de la pareja, ilusionados por formar una familia feliz, se muestran pacientes, comprensivos y constructivos ante los pequeños reveses cotidianos.
La fase del conflicto. Surgen las tensiones y se hacen evidentes las dificultades de adaptación. Los miembros de la familia se muestran pesimistas. En parejas poco consolidadas, la unión se rompe y cada uno tira por su lado. Pero si se supera esta difícil etapa, el núcleo familiar continúa su progreso.
La fase de adaptación. Los conflictos se afrontan y se resuelven con más o menos éxito. Las relaciones, aunque no llegan a ser ideales, son más cómodas y adaptativas. La familia está más unida y los sentimientos optimistas vuelven a aflorar.
La fase de resolución. Las relaciones entre los miembros de la familia son de aceptación, respeto y a menudo de afecto. Los conflictos, cuando surgen, se resuelven de la mejor manera posible. El ambiente, en general, es cordial. El objetivo se ha conseguido.
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Escuela para padres
Tema del mes: Separaciones y divorcios.
Etapa: Infancia y adolescencia.
El dato: Cada año se rompen unas 140.000 parejas, de las cuales al menos un 30 % se vuelven a casar (datos del INE). Un elevado porcentaje se empareja, pero no formaliza legalmente la relación.
Comportamientos que se deben evitar: Forzar a los hijos a llamar papá o mamá al nuevo cónyuge, compararlo con el anterior, criticar al ex...
Algunas claves: Como norma general, es el padre o la madre quien debe establecer las normas y hacerlas cumplir. La nueva pareja, al menos al principio, debe limitarse a ser coherente con estos criterios.
Para saber más: «Las nuevas parejas de los padres y madres», capítulo 8 de la guía «Nos hemos separado… ¿y nuestros hij@s?», editado por el Departamento de Servicios Sociales y Familia del Gobierno de Aragón: https://bit.ly/2EjXKz6
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