Guía para entender los éxitos y fracasos del 26M

Así encaran los principales partidos las elecciones municipales


Redacción

Ganar un galardón tiene el premio añadido del discurso y los agradecimientos, que se le niegan a los perdedores, como si estos no tuvieran madre. En la política no es así. Todos los partidos están obligados a dar la cara, a reconocer al adversario y a acertar con el análisis urgente de unos resultados que siempre se prestan a la interpretación, sobre todo en unas locales. Ante tanta relatividad, será difícil escuchar relatos cáusticos o mínimamente críticos, pero cada uno conoce con certeza el punto que distingue la fiesta del funeral.

El PPdeG, abatido y despojado hace cuatro años de alcaldías valiosas y de tres diputaciones, tendrá que defender el frente cuantitativo para consolidar más de la mitad de los bastones de mando de Galicia que posee en la actualidad, ganados con medio millón de votos. Tiene la ventaja de que se presenta en los 313 concellos. Perder la ciudad de Ourense, gobernada en precario, sería un aviso definitivo de vía de agua en la nave de Feijoo. Mantenerla y recuperar Ferrol, o incluso alguna diputación, después del desastre del 28A, supondría un alivio.

El PSdeG tiene listas en 301 concellos, y la división del voto en la derecha, que será mucho más atenuada que en las generales, le afecta ahora por la izquierda y no le garantiza repetir la victoria. Tampoco significaría ningún trauma ser la segunda fuerza si obvian el poder popular en la Galicia rural, pero siempre que mantengan Lugo y recuperen alguna de las ciudades coruñesas, donde gobernarán si las derechas no suman y sacan un voto más que las mareas, de las que han sido comparsas. La victoria en Vigo está amortizada, pero la movilización será clave ante la posible remontada del PP en Pontevedra.

El Bloque, que en las europeas espanta al votante moderado con su alianza independentista, aspira a levantarse definitivamente de su suelo y a repetir como tercera fuerza doblando los apoyos recibidos en la generales, y aunque no va a sufrir en sus ayuntamientos bandera, solo sonreirá si conquista ediles en las ciudades para influir en hipotéticos gobiernos de izquierda.

Vox, con 13 candidaturas, no existe en un 95 % del territorio, por eso se daría con un canto en los dientes si logra entrar en alguna corporación urbana, y haría ruido mediático si además es clave para alguna gobernabilidad. A Ciudadanos, con más recorrido en Galicia pero casi siempre con rumbos erráticos, ya no le llegaría con ese hito. El partido naranja ha conseguido montar con bastante esfuerzo 71 agrupaciones locales con las que tendría que ampliar su representación sustancialmente, pero con muy pocos boletos de alcanzar alguna alcaldía, de ahí que su satisfacción dentro de tres domingos dependa de que el PP no se hunda.

El cambalache de candidaturas de En Marea y Podemos, que sumarían presencia en un centenar de concellos, es imprevisible. Más allá de sus plazas fuertes coruñesas, corren el riesgo de convertirse en un Vox en potencia -un elemento electoral distorsionador pero de la izquierda- con miles de votos que en algunos concellos tendrán una compleja traducción en concejales y que, en otros, unos pocos, se convertirán en concejalías. De la nada al todo y al revés, así de finas se van a hilar las emociones el 26.

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