«Es mucho esfuerzo, pero compensa»

Sara Carreira Piñeiro
Sara Carreira ORDES / LA VOZ

EDUCACIÓN

Lucas Morán, que hizo la selectividad en su casa de Ordes, es muy bueno con los ordenadores. Tal vez enfoque sus estudios hacia la informática, aunque todavía no ha decidido qué hacer
Lucas Morán, que hizo la selectividad en su casa de Ordes, es muy bueno con los ordenadores. Tal vez enfoque sus estudios hacia la informática, aunque todavía no ha decidido qué hacer PACO RODRÍGUEZ

Lucas Morán espera, como miles de jóvenes, la nota de selectividad, exámenes que él hizo a la vez que el resto, pero en su casa, en Ordes

18 jun 2021 . Actualizado a las 00:09 h.

A veces el sistema funciona y le da a cada uno lo que necesita. Como a Lucas Morán Pin, que gracias sobre todo a su esfuerzo, pero también a la movilización de la CIUG, la entidad que organiza la selectividad en Galicia, está hoy preocupado por cuál será su nota en la prueba y qué caminos le permitirá escoger. La salvedad es que Lucas ha hecho la selectividad en su casa, en Ordes.

El camino ha sido tortuoso, con muchas incertidumbres y trabajos, algo a lo que Lucas está acostumbrado. Atendido por el servicio de hospitalización a domicilio de la uci pediátrica del CHUS, el joven ha pasado la pandemia en casa porque sus problemas respiratorios convierten el covid en una bomba para su salud; curiosamente, él aún no ha sido vacunado, «inexplicablemente» como dice su padre, Antonio Morán.

Los inconvenientes empezaron con el curso, cuando las condiciones del IES de Ordes y su entorno hicieron que Antonio Morán y María Jesús Pin, los padres de Lucas, decidiesen que él no iría a clase. «Yo les dije que si paseaba a las nueve menos cuarto con un inspector por la zona del instituto y visitábamos el centro y él me decía que eso era seguro para mi hijo, yo le dejaba ir», recuerda Antonio. Obviamente, nunca se planteó siquiera la posibilidad de esa visita.

La primera opción que le dieron fue que el joven estudiase en Santiago, aunque la recomendación de centro se hizo sin conocer el edificio (solo con accesibilidad total en la planta baja). Finalmente, se impuso la lógica y Lucas empezó a seguir las clases de su centro —las mismas a las que iban sus amigos desde primero de infantil—, a distancia. Durante el primer trimestre solo podía ver la de Física, a la que se sumó Química y Lingua Galega, hasta alcanzar todas las materias. Pero los problemas se sucedían: primero había preocupación por la protección de datos de los alumnos del aula, después la cámara del ordenador de clase no tenía calidad, más tarde había cortes en la conexión y era raro el día que todo —cámara, micrófono y conexión— funcionaban con normalidad. «Había clases con muchas dificultades», reconoce Lucas.

«Mi hijo aprobó a golpe de tutoriales»

«Mi hijo aprobó a golpe de tutoriales», sentencia Antonio recordando los obstáculos que tuvo que sueprar el estudiante. Eso es algo que María Jesús no entiende: «Se supone que las clases virtuales tenían que funcionar este año, y no solo por mi hijo u otros niños como él, sino porque hubo mucha gente confinada», a lo que Lucas puso cifra: «Creo que una vez estuvimos once compañeros en casa».

El centro envió una profesora de apoyo a Lucas, que iba dos horas (al final, tres) dos días a la semana. Un tropezón más, porque la docente es maestra de Inglés en primaria y obviamente no podía ayudarle con las matemáticas, la física o la química de 2.º de bachillerato. «Pero su ayuda fue inestimable —se apresura a puntualizar Antonio— y suplía con buena voluntad y trabajo las lógicas dificultades que se encontraba». Una de estas era que el centro hacía coincidir los exámenes de evaluación con su presencia, para garantizar que Lucas no copiase, y aunque eso parece razonable, le quitaba horas de apoyo.

A la docencia oficial se sumó el esfuerzo de algunos profesores, como el de Física o la de Química, y especialmente el trabajo de Laura Pérez, jefa de departamento de Lingua, que durante todo el curso acudió dos tardes a la semana a casa del joven para repasar la materia. Tan importante fue su labor que hoy Lucas reconoce que el examen que mejor le salió en selectividad fue el de gallego: «Noté mucha diferencia en los exámenes de selectividad según quién me daba la clase». Para él no hay duda de que ambas cosas están relacionadas, y eso que el chico tiene una media de bachillerato de 7,5, una notaza ganada a pulso.

Porque las limitaciones físicas de Lucas no le impiden tener altas capacidades, ni ganas de luchar. Durante la selectividad, la profesora que le acompañó, Marisé Vázquez, docente de Xeografía e Historia en el IES Mosteirón de Sada, destaca precisamente ese afán: «Quería hacer los exámenes a la vez que sus compañeros, aunque yo le decía que podía descansar», y es que Lucas debe salir de la silla cada dos horas. El joven completó la prueba —«fue difícil», apunta— con la máxima normalidad y hasta se permitió hacer dos exámenes voluntarios, Física y Química.