Unos 200 alumnos de Educación Primaria del municipio ribeirense celebraron en el complejo natural el Día Europeo de los Parques Unos 200 escolares de Educación Primaria del municipio de Ribeira participaron ayer en una jornada lúdica en el parque de Corrubedo. El complejo natural fue el escenario elegido por la Consellería de Medio Ambiente para desarrollar una serie de actividades dirigidas a fomentar el respeto de los pequeños por el medio ambiente, con ocasión del Día Europeo de los Parques. Un biólogo y cinco monitores pertenecientes a una sociedad medioambiental de A Coruña se encargaron de que los niños aprendiesen jugando a distinguir los diversos ejemplares de fauna y flora «escondidos» entre el aparentemente inerte paraje.
24 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Un día tan soleado como esos de verano en los que no hay que ir al cole, correteando con los compañeros entre árboles y pájaros con las olas del Vilar como paisaje de fondo. Así transcurrió ayer la jornada lectiva para los chavales de 10 y 11 años de Ribeira. Aprender sin darse cuenta parece ser el método más efectivo. Algo de lo que está convencido el biólogo Roberto Figueroa, coordinador de los cinco monitores desplegados ayer por el complejo natural de Corrubedo para seguirle el juego a los pequeños: «Qué mejor forma para valorar lo que este parque les ofrece que traerlos aquí para que lo vivan», dijo. Los niños se libraron de la típica charla sobre la importancia de conocer las especies vegetales y animales endémicas y conservar las zonas naturales. Las peroratas se limitaron a una concisa explicación sobre el paraje «porque la mayoría de los niños, aunque viven en esta zona, piensan que Corrubedo lo forman sólo las dunas y la playa». Acto seguido, los chavales se unen ataviados con la gorra identificativa de su equipo, y ya están listos para acometer el trabajo de campo. Los más madrugadores fueron los de Palmeira, Deán y O Grupo. Colgadas en los árboles encontraban las pautas para lanzarse a la búsqueda de los enigmas que el parque esconde: piñas, cortezas, alcaravanes -de plástico, eso sí-.... El hallazgo de un tesoro agolpa a los exploradores alrededor de sus monitoras, al grito de «¡lo encontramos!». Otros paneles contienen sopas de letras o preguntas concretas que los alumnos no tardan en descubrir yendo de un lado a otro del parque. A media mañana toman el relevo los escolares de Frións, Castiñeiras y los del Bayón, de Santa Uxía. Tras un descanso para comer, Corrubedo se prepara para recibir a los de Olveira y Oleiros.