Once de las catorce factorías extranjeras que operan en el país han cesado la actividad, poniendo en riesgo miles de empleos
15 abr 2022 . Actualizado a las 13:21 h.Sanciones financieras, comerciales y desbandada de empresas. La guerra en Ucrania le está saliendo cara a Rusia. Ningún sector es ajeno a las pérdidas que ha acarreado el conflicto o, más bien, el castigo económico que la infligido Occidente al país por negarse a poner fin a las hostilidades.
La industria del automóvil lo está sufriendo en sus propias carnes. No solo tienen problemas para recibir semiconductores, es que les resulta muy difícil poder hacer transacciones entre matrices y filiales. Eso, y la presión gubernamental, han empujado a muchos fabricantes a paralizar sus líneas de producción, apagar las luces y suspender el trabajo de sus plantillas. El sector trata de sobrevivir, pero ya ha visto cómo 11 de las 14 factorías en manos de firmas extranjeras han detenido temporalmente la actividad, según Efe, poniendo en riesgo miles de puestos de trabajo.
«Mandaron a un tercio de los trabajadores a casa», dice a Efe un empleado de la fábrica PSMA Rus, empresa conjunta de Stellantis y Mitsubishi Motors en Kaluga (sur de Moscú), que se ha visto obligada a detener parte de sus producciones y reducir las restantes. Es uno de los 2.000 trabajadores de la planta que, a día de hoy, no tiene claro su futuro, ni el de su ciudad, donde hay varias fábricas automovilísticas extranjeras. «A mí, claro está, me gustaría continuar trabajando», añade.
Apagón en la producción
Desde que el régimen de Vladimir Putin decidió tomar Ucrania, no ha cesado el goteo de empresas que han abandonado el país o han cerrado sus puertas a la espera de que termine el conflicto. En el sector del motor, las sanciones y los problemas para importar materiales clave en la fabricación de vehículos, está teniendo un impacto considerable en esta industria que emplea de forma directa e indirecta a 3,5 millones de personas en Rusia, según datos del 2018 del Ministerio de Industria y Comercio recogidos por Efe.
¿Cómo de grave es el golpe que han asestado las multinacionales al Kremlin? Apenas cuatro días después del inicio de la guerra, Renault detuvo sus empresas en Rusia, seguida de Volvo Trucks y Volkswagen. Pero ya son 11 las plantas de capital extranjero que han parado.
Mitsubishi Motors ha sido el último fabricante en anunciar que detenía el suministro de piezas y exportaciones de vehículos a Rusia, así como la producción en Kaluga, debido a las dificultades logísticas provocadas por las sanciones.
Empresas como Mazda, Mercedes Benz, Honda, Porsche o Audi, detuvieron también las exportaciones a Rusia.
Las marcas rusas como LADA, KAMAZ o UAZ también se han visto afectadas por la falta de algunas piezas, por lo que se estudia «rescatar» las producciones con vehículos con menores prestaciones, en especial las vinculadas a los sistemas de control electrónico.
Ninguna de las empresas automotrices extranjeras con presencia en Rusia ha anunciado su salida total del mercado y solo la checa Skoda vinculó directamente el cese de la producción al conflicto en Ucrania.
La mayoría explica la suspensión en sus operaciones con la ruptura de las cadenas logísticas a consecuencia de las sanciones.
Kaluga, el motor ruso
El corazón automovilístico ruso está en Kaluga, una ciudad del tamaño de Vigo (unos 300.000 habitantes), ubicada a 200 kilómetros al sur de Moscú. Allí es donde el parón se está notando con más fuerza.
Buena parte de sus habitantes están empleados en el anillo industrial que rodea la urbe y que ha permitido mejorar la calidad de vida de los residentes en los últimos 15 años. «En el 2005 esta ciudad era todavía totalmente soviética, un típico sovok (apelativo peyorativo con el que se designa el estatismo del modo de vida soviético)», explica a Efe Yura Gladki, empresario local que está convencido de que «la masiva apertura de empresas con capital extranjero cambió totalmente a Kaluga, le dio nueva vida».
La ciudad es altamente dependiente de las plantas de automóviles que alberga. El cese de muchas de ellas amenaza el empleo de miles de trabajadores. Ninguno de los fabricantes quiso proporcionar a Efe información sobre el estado de sus producciones o dar acceso a las plantas. Desde fuera, las fábricas de Volkswagen y Volvo Trucks parecen detenidas y sin movimiento de empleados o maquinaria.
Líneas paradas y vacaciones anticipadas
La actividad va por barrios. «Algunas líneas se han parado, otras no. La situación no ha afectado por igual a todos los talleres», dice a Efe un joven llamado Vladislav, empleado de PSMA Rus, donde sí se observa actividad. Se ha perdido un tercio de la capacidad de la fábrica, explica por su parte Alexéi, un joven trabajador que acaba de terminar su jornada laboral.
Vladislav afirma que la planta de PSMA Rus no pone punto y final a la producción de Mitsubishi, sino que cesa temporalmente la fabricación de los modelos de esta marca. Sigue, sin embargo, con la fabricación de otros automóviles de Opel, Citroën y Peugeot, de Stellantis.
Los empleados fijos que no trabajan están en casa con el sueldo pagado. El resto acudirá a sus puestos de trabajo hasta mayo, cuando la empresa impondrá «vacaciones» pagadas a la plantilla hasta junio, señala Alexéi a Efe. «No han despedido a nadie», por ahora, resalta su compañero Vladislav. «La gente comprende que no es un capricho de la empresa, todos lo asumieron y firmaron voluntariamente las solicitudes de vacaciones», señalan.