El Gobierno anticipa nuevas fusiones bancarias tras la de Caixabank y Bankia

BBVA se muestra dispuesto a estudiar oportunidades; Liberbank y Unicaja se han dado una segunda oportunidad y Abanca e Ibercaja también figuran en las quinielas


El Gobierno ve muy probable que se produzca una nueva ronda de fusiones en el sector financiero español tras la integración acordada entre Caixabank y Bankia, informaron fuentes gubernamentales.

El Ejecutivo cree que el paso adelante dado por la entidad de origen catalán y el banco nacionalizado ha cambiado el mapa del sector en España y hace más evidente la necesidad de algunas entidades de fraguar alianzas para ganar escala, aprovechar sinergias y mejorar su rentabilidad en el complejo contexto actual.

La crisis derivada de la pandemia del covid-19 perpetuará durante más años la situación de tipos de interés en mínimos para estimular la reactivación económica, lo que estrechará los márgenes de unas entidades cuya rentabilidad está ya por debajo de su coste de capital, mientras que el previsible deterioro de la cartera crediticia cuando finalicen las distintas moratorias puede elevar la morosidad y tensionar aún más los balances.

El fuerte castigo bursátil que sufren los bancos españoles, tras perder las dos terceras partes de su valor en Bolsa desde el 2017, es otro factor que mete presión a los bancos para aliarse de forma voluntaria antes de ser objeto de una OPA no deseada.

Este escenario impulsará a las entidades que siguen solteras a explorar posibles operaciones corporativas, «siempre desde el máximo respeto del Gobierno a la autonomía de los equipos gestores para adoptar las decisiones estratégicas que consideren oportunas».

Desde el Ejecutivo confían también en el efecto arrastre que la operación liderada por Caixabank puede ejercer en el resto del sector, que puede intentar mover ficha para no quedarse descolgado, consciente de que la inacción en algunos casos puede poner en riesgo su supervivencia futura.

Ejemplo de confidencialidad

En el Gobierno se felicitan de la confidencialidad y sigilo con que se han llevado las negociaciones que han desembocado en el acuerdo de absorción de Bankia por parte de Caixabank, una opción que no figuraba en las quinielas de los analistas, quienes especulaban con BBVA o con Sabadell como posibles compañeros de viaje del banco presidido por José Ignacio Goirigolzarri.

El Ejecutivo sintoniza con el mensaje del BCE animando a las entidades a fusionarse, aunque la institución gobernada por Christine Lagarde desearía que las operaciones tuvieran carácter transnacional, con el fin de forjar así una verdadera unión bancaria europea.

En España, algunas entidades se han desmarcado del baile de fusiones a escala local, caso de Santander, cuya presidenta, Ana Botín, ha dejado claro que «juega en otra liga», o de Bankinter, en plena digestión de Evo y Avant Card. Otros, como Sabadell, se lo piensan. La entidad presidida por Josep Oliu ha contratado a Goldman Sachs para explorar opciones estratégicas.

De su lado BBVA se ha mostrado dispuesto a estudiar oportunidades que presenten sinergias, dependiendo siempre del coste de financiación que suponga y de si se necesita elevar el capital en un momento en que las acciones del banco están en mínimos históricos, algo que conllevaría una fuerte dilución para los accionistas.

Liberbank y Unicaja, que fracasaron en su primer intento de fusión, Abanca o Ibercaja son otras de las entidades que figuran en las quinielas de posibles movimientos corporativos en España.

Pistoletazo de salida al nuevo baile de fusiones bancarias

Cristina Porteiro

De las casi 60 entidades que operaban en el 2008 ya solo quedan 10 en pie

Hace una década resultaba más sencillo consultar un mapa de carreteras que el organigrama bancario español. Alrededor de 60 entidades (y llegaron a ser más de 300) -la mayoría cajas de ahorros-, competían por una cuota cada vez más grande del mercado. Su politización, los escándalos que estallaron con la crisis financiera en el 2008 en torno a su gestión y la enorme exposición de muchas de ellas a activos tóxicos (un 73 % a crédito hipotecario), sellaron su condena a muerte. El espacio que dejaron fue rápidamente absorbido por los gigantes bancarios a los que todavía les quedaba pulmón para sobrellevar los años de ajustes. Tras sanear el sistema financiero español y recapitalizarlo con un chorro de 56.545 millones de euros, según cifras del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob), comenzaron los trabajos de absorción. Mare Nostrum, Banco Popular, Catalunya Banc o las cajas gallegas (Caixa Galicia y Caixanova) son algunos de los nombres emblemáticos que desaparecieron para dar lugar a nuevos conglomerados bancarios, más grandes y solventes, tras los esfuerzos por deshacerse de las carteras de activos tóxicos heredas de los 2000.

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