Pistoletazo de salida al nuevo baile de fusiones bancarias

MERCADOS

María Pedreda

De las casi 60 entidades que operaban en el 2008 ya solo quedan 10 en pie

20 sep 2020 . Actualizado a las 15:00 h.

Hace una década resultaba más sencillo consultar un mapa de carreteras que el organigrama bancario español. Alrededor de 60 entidades (y llegaron a ser más de 300) -la mayoría cajas de ahorros-, competían por una cuota cada vez más grande del mercado. Su politización, los escándalos que estallaron con la crisis financiera en el 2008 en torno a su gestión y la enorme exposición de muchas de ellas a activos tóxicos (un 73 % a crédito hipotecario), sellaron su condena a muerte. El espacio que dejaron fue rápidamente absorbido por los gigantes bancarios a los que todavía les quedaba pulmón para sobrellevar los años de ajustes. Tras sanear el sistema financiero español y recapitalizarlo con un chorro de 56.545 millones de euros, según cifras del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob), comenzaron los trabajos de absorción. Mare Nostrum, Banco Popular, Catalunya Banc o las cajas gallegas (Caixa Galicia y Caixanova) son algunos de los nombres emblemáticos que desaparecieron para dar lugar a nuevos conglomerados bancarios, más grandes y solventes, tras los esfuerzos por deshacerse de las carteras de activos tóxicos heredas de los 2000.

Hoy solo quedan 10 entidades de todo aquel magma bancario, 11 hasta hace tres días, cuando se consumó la última fusión (Bankia y CaixaBank). La unión ha dado a luz al mayor titán financiero de España (650.000 millones de euros en activos), con un valor bursátil de 16.000 millones de euros y una extensa red de 6.700 sucursales.

La maniobra supone avanzar a la última fase de la operación Bankia (rescatada con más de 20.000 millones de euros): la salida del Estado de su accionariado. Estaba prevista para diciembre del 2021, según la última prórroga aprobada en Consejo de Ministros y avalada por las autoridades europeas. Un calendario demasiado ambicioso teniendo en cuenta la volatilidad e incertidumbre que ha desatado la pandemia. El Frob seguirá dentro, pero con un peso mucho más liviano y a la espera de que la entidad se revalorice para reducir las pérdidas ocasionadas por el rescate público a la entidad.