Acabar con la reforma laboral rematará el empleo


Ante los preocupantes indicadores macroeconómicos presentados por el Banco de España, derogar una reforma laboral que evitó la destrucción de más de 1,5 millones de empleos en la crisis del 2008 es una de las peores apuestas que podría hacer la economía española, tal como refleja el estudio Los ERTE en cifras de Fundación Civismo.

Hemos de tener en cuenta que nos enfrentamos a un escenario en el que la tasa de desempleo podría situarse en el 22 %, por lo que el país debería mostrar una cautela desmesurada si quiere salir airoso de esta crisis. Tal y como muestran los indicadores, hasta la aplicación de la reforma laboral que ahora quiere liquidar el Gobierno la economía española presentaba una tasa media de paro que ascendía hasta el 17 %, y el ritmo de creación de empleo se encontraba sometido a una ralentización muy severa.

Con el paso de los años, la situación no había mejorado en exceso. Justo antes del estallido de la pandemia, la economía española exhibía uno de los mayores índices de desempleo de la Unión Europea. De hecho, solo nos superaba Grecia y, en materia de paro juvenil, España ostentaba el triste honor de hallarse a la cabeza del conjunto de países de la zona euro.

Ante una coyuntura tan delicada, adoptar medidas de este tipo pone en riesgo la posibilidad misma de superar uno de los grandes retos que nuestra economía, a día de hoy, aún no ha logrado vencer. Máxime cuando observamos las peculiaridades de nuestro mercado laboral, el cual, si nos atenemos a la Ley de Okun, denota una gran sensibilidad ante las variaciones que se producen en el crecimiento económico, con el cual ahora no podemos contar.

Así, la reforma laboral que desea implementar Unidas Podemos amenaza los puestos de trabajo de muchas familias. Acabar con un pilar como la flexibilidad de la que nos dotó la reforma del 2012 no solo podría terminar de frenar una creación de empleo que ya venía enfriándose desde mucho antes de la pandemia, sino que destruiría gran parte del que, en estos momentos, se encuentra pendiente de los efectos de la crisis del coronavirus. Y es que, pese a la mayor precariedad del empleo que se generó a raíz de la reforma laboral, el escenario contráfactico resulta mucho más perjudicial.

Por todo ello, como diría Thomas Sowell, a la hora de aplicar políticas económicas debemos tener en cuenta que estas nunca han de medirse por las intenciones y los objetivos que con ellas perseguimos, sino por los efectos que van a generar en la sociedad.

Por Francisco Coll y José Francisco López Investigadores Fundación Civismo

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