Así es el contrato de un centro comercial para usted

El negocio no les fue como esperaban a pesar de que son conscientes de que por el gran centro comercial, donde están localizadas todas las cadenas relevantes de ocio, alimentación y textil, pasan cientos de personas al día


Redacción / La Voz

Piensen en un centro comercial de cualquier ciudad de España que conozcan. Seguro que recuerdan algún cartel que ponga «Se alquila». Un poquito más adelante otro con otra leyenda de «se alquila», o con un «últimos precios porque cerramos». El negocio no les fue como esperaban a pesar de que son conscientes de que por el gran centro comercial, donde están localizadas todas las cadenas relevantes de ocio, alimentación y textil, pasan cientos de personas al día, y miles durante el puente de la Constitución y la Inmaculada, en rebajas y los días de Navidad.

Los comerciantes que han decido hacer «borrón y cuenta nueva» advierten que no han logrado que las ventas sean suficientes para hacer frente a los gastos: alquiler, Seguridad Social, salarios, etcétera. Teniendo en cuenta que los dueños del negocio pueden estar en el local tantas horas como abra el establecimiento (normalmente doce, de 10 a 10), la siguiente pregunta sería ¿cómo son los contratos de alquiler? Pues bien, un local de 51,30 metros cuadrados ubicado en un centro comercial de una de las principales ciudades de Galicia tiene un alquiler de 3.000 euros mensuales, a los que hay que añadir los «gastos comunes en beneficio del centro comercial».

Otra de las cláusulas indica que el titular puede «arrendar, transmitir o explotar libremente, y sin limitación alguna, el resto de locales y zonas comunes existentes». Eso quiere decir, que si usted tiene una mercería -muchos botones e hilos hay que vender para pagar los 3.000 euros- puede ocurrir que le planten otra justo enfrente. Pero si no le ha quedado claro, pocas líneas más tarde puede leer: «El arrendatario no gozará de exclusividad alguna respecto a la actividad autorizada, por lo que el arrendador está facultado para suscribir cualquier otro contrato de arrendamiento o cesión con un tercero destinado al desarrollo de actividades idénticas o similares dentro del centro comercial».

Además, «en virtud de este contrato, el arrendador no concede garantía alguna en relación con la comercialización y el nivel de ocupación del centro comercial». Con lo cual, existe la posibilidad de que se quede absolutamente solo y no pueda reclamar ningún tipo de indemnización al gestor del macro inmueble.

Pero supongamos que el negocio funciona. En ese caso, el documento que centra esta crónica establece que el contrato se prorrogará automáticamente por períodos mensuales, hasta un máximo de cinco, salvo que el arrendador (usted) comunique -ojo- fehacientemente al arrendatario su intención de resolver anticipadamente el acuerdo en cualquier momento durante la vigencia del mismo, con una antelación de al menos 15 días a la fecha en que la resolución surja efecto.

A renglón seguido se dice: «Transcurrido el plazo de duración del presente contrato de acuerdo con lo previsto en la presente cláusula, el mismo quedará automáticamente extinguido y sin efecto, sin necesidad de preaviso del arrendador y sin que pueda considerarse que existe tácita reconducción, aun cuando no se hubiese practicado el requerimiento a que se refiere el artículo 1.566 del Código Civil o cualquier otra disposición que pueda existir en un futuro». ¿Qué quiere decir todo esto? Pues que si usted tiene éxito, podrá permanecer en el local la duración del contrato -un año- y cinco meses más. Y luego, a la calle o a negociar otro contrato, que en lugar de 3.000 euros será -seguro- de 4.000 (y usted vendiendo hilos con éxito).

«Queda expresamente prohibida en el local -se estipula- la comercialización de productos que procedan de excedentes de stocks, temporadas anteriores, con taras y/o descatalogados». Si se compromete a abrir el local en una fecha y no lo consigue, tendrá que pagar el importe de la renta diaria multiplicada por dos en concepto de cláusula penal sin perjuicio de la facultad del arrendador a resolver el contrato. Al final del contrato, el inquilino tiene que facilitar al arrendador la cifra de ventas del local, y si no lo hace, tiene una penalización de 100 euros diarios hasta que aporte dicha información.

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