Caramelo: a la quinta, la vencida

La viguesa Transfleet se adjudicará la marca en 362.000 euros


La Voz

«Lo único bueno de todo esto, es que al menos en todo este tiempo se ha seguido hablando de Caramelo, la marca sigue viva y eso es bueno», afirmaba este miércoles un empresario gallego del textil, sin ocultar su sorpresa por los tumbos que está dando la enseña, el único activo superviviente del grupo textil coruñés que cerró en el 2016.

La emblemática marca del textil gallego ha sido rechazada por los cuatro postores que presentaron las ofertas más altas en una reñida subasta de la que están a punto de cumplirse dos años. La primera adjudicación a Postquam se anuló, Kosu Nuno perdió el derecho por no pagar, Do Rego & Novoa desistió de la compra y Kangaroos comunicaba esta misma semana al administrador concursal y al juez su renuncia.

Quedaba un quinto postor. La última bala en la recámara. La empresa viguesa Transfleet Europa y, aunque no lo ha comunicado oficialmente, fuentes del proceso aseguran que sus asesores legales trabajan ya en la adjudicación de la marca Caramelo por la suma de 362.000 euros, la oferta más baja de las cinco que concurrieron a la subasta que ganó el grupo cosmético Postquam, de Valladolid con 505.000 euros. 

Explotación y licencias

Caramelo ya tiene virtual dueño, pero ¿quién es Transfleet Europa? Para empezar, la compañía no tiene ninguna vinculación con el mundo de la moda. Según el Registro Mercantil, se trata de una empresa del grupo Emso Capital, con sede en el Parque Tecnológico de Vigo (Valladares) dedicada a las telecomunicaciones y el transporte pesado de mercancías. El conglomerado de sociedades integrada en Emso tiene como administrador único al empresario Emilio Pérez Fojón, que trató de sacar adelante un proyecto de la marca Caramelo, como socio capitalista de Roberto Do Rego, a través de una de sus sociedades (Prosper Telecom). La alianza no prosperó y ahora será Transfleet quien se haga cargo de la enseña textil, no para adentrase directamente en el mundo de la moda, sino «para explotarla y vender algunas licencias», según fuentes próximas al inminente adjudicatario de Caramelo.

La firma de la escritura de propiedad, en cuestión de días, pondrá punto final al largo peregrinaje de la marca textil, tras casi dos años en busca de dueño.

Caramelo fue a liquidación en noviembre del 2016, y la enseña salió a subasta al año siguiente. El vencedor en la puja fue Postquam Cosmetics, pero tras las apelaciones de otros interesados el juez terminó adjudicando la firma a Kosu Nuno

Fin del peregrinaje

Esta sociedad, cuyo propietario se desconoce, alargó durante meses el proceso y no llegó a presentar el medio millón de euros que había ofrecido, por lo que a finales del año pasado el juez decidió retirarle el derecho y adjudicar la firma a Do Rego & Novoa en la suma de 478.000 euros. El empresario textil vigués no logró los apoyos necesarios y renunció a su derecho en favor del grupo de calzado con sede en Toledo Kangaroos, que pese a haber ganado la subastilla previa, acabó por no ejercer su opción de compra.

Caramelo echó a andar en la década de los setenta. En junio del 2007, Inveravante (el brazo inversor del empresario gallego Manuel Jove) y Sodiga tomaron el 45,2 % del capital. Inveravante llegó a controlar el 92,5 %. A lo largo de los siguientes diez años, la empresa ejecutó varios expedientes de regulación de empleo y finalmente en el 2013 entró en concurso de acreedores.

La última tienda de Caramelo cerró sus puertas en la primavera del 2017 en A Coruña, dando por finiquitada una larga trayectoria. La empresa llegó a emplear en sus mejores tiempos a más de 1.000 personas.

El amargo final de Caramelo

m. sío dopeso

El empresario textil vigués Roberto Do Rego tampoco se adjudica la marca, que queda a expensas del cuarto postor

Caramelo sigue sin dueño. Casi dos años después de una reñida y polémica subasta, la adjudicación de la marca ha vuelto a quedar desierta, después de que el empresario textil vigués Roberto Do Rego renunciara este martes a su derecho a escriturarla. «Nos falló un inversor y no fuimos capaces de llegar», explicó un apesadumbrado Do Rego, tras reconocer que había depositado grandes ilusiones en la explotación de la emblemática enseña, con una colección propia de moda masculina.

El empresario vigués había sido el tercer mayor postor de la subasta de la marca, en el año 2017, con una oferta de 478.000 euros. Su oportunidad llegó después de que Postquam Cosmetics, la empresa ganadora de la puja (por 505.000 euros) quedara descalificada; y tras la renuncia de Kosu Nuno, el segundo mayor postor (505.000 euros), que tras dar largas durante casi un año, finalmente acabó declinando su derecho a hacerse con la marca textil.

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