El amargo final de Caramelo

El empresario textil vigués Roberto Do Rego tampoco se adjudica la marca, que queda a expensas del cuarto postor


redacción / la voz

Caramelo sigue sin dueño. Casi dos años después de una reñida y polémica subasta, la adjudicación de la marca ha vuelto a quedar desierta, después de que el empresario textil vigués Roberto Do Rego renunciara este martes a su derecho a escriturarla. «Nos falló un inversor y no fuimos capaces de llegar», explicó un apesadumbrado Do Rego, tras reconocer que había depositado grandes ilusiones en la explotación de la emblemática enseña, con una colección propia de moda masculina.

El empresario vigués había sido el tercer mayor postor de la subasta de la marca, en el año 2017, con una oferta de 478.000 euros. Su oportunidad llegó después de que Postquam Cosmetics, la empresa ganadora de la puja (por 505.000 euros) quedara descalificada; y tras la renuncia de Kosu Nuno, el segundo mayor postor (505.000 euros), que tras dar largas durante casi un año, finalmente acabó declinando su derecho a hacerse con la marca textil.

Todo ese tiempo «perdido» en los juzgados, especialmente por la indecisión de Kosu Nuno, es, en opinión de Do Rego, la razón principal de que su inversor se haya echado atrás. «Hemos perdido un año, que en moda es mucho. Difícilmente nos daría tiempo a salir con una colección para el próximo verano, y mientras la marca seguiría perdiendo valor de cara a los inversores», explicó el empresario.

¿Qué pasará ahora? Después de Postquam, Kosu Nuno y Do Rego, la siguiente mayor oferta presentada en la subasta fue la de la Kangaroos, un grupo de calzado con sede en Toledo, que ganó la primera vuelta de la puja, y que tendría que depositar ahora los 468.000 euros que ofreció. En caso de renuncia, llegaría el turno para Transfleet Europa, con su oferta de 362.000.  

Vuelta a empezar

Según fijan las normas de la subasta, todos han dejado una suma en depósito (5.000 euros) por si tal cosa sucediera. Y si ninguno de los dos quisiera adjudicarse Caramelo, en última instancia la marca volvería a salir a una nueva subasta, si el administrador concursal así lo considera.

Este sería un pésimo escenario, según explican fuentes de la industria textil, quienes aseguran que la suma alcanzada en la puja, considerada ya en su momento muy elevada, difícilmente se volverá a repetir.

Caramelo fue fundada en 1969 por José Antonio Caramelo y Luis Gestal en A Coruña. Echó a andar como fabricante de prendas de exterior impermeables y poco después lanzó sus propias marcas de moda: Tommy Harrods, de pantalones; Chelton, de cazadoras, y Yale, de camisas. La marca Caramelo como tal se creó en 1984.

Al calor de la bonanza económica y de los apoyos institucionales, vivió una época dorada, con protagonistas como Gene Cabaleiro, Florentino, Verino o Adolfo Domínguez. Apostó por las compras para crecer y, en el 2005, tomó el control de Antonio Pernas para ganar impulso. Pero cuando la crisis contrajo las ventas, todo empezó a venirse abajo.

En junio del 2007, Caramelo anunció que Inveravante (el brazo inversor de Manuel Jove) y Sodiga se habían hecho con el 45,2 % del capital. Inveravante llegó a controlar el 92,5 %. A lo largo de los siguientes diez años, la empresa ejecutó varios ERE y finalmente en el 2013 entró en concurso de acreedores. En el 2016, en liquidación.

La última tienda de Caramelo cerró sus puertas en la primavera del 2017 en A Coruña, dando por finiquitada una larga trayectoria. La empresa llegó a emplear en sus mejores momentos a más de 1.000 personas.

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