Galicia ya no quiere ser marinera

Mala imagen, un mercado laboral desestructurado y formación poco clara es el cóctel que la consultora Sinerxia ha detectado tras el descenso de la vocación pesquera en la comunidad


redacción / la voz

¿Quién no ha oído hablar de la dureza casi mítica del Gran Sol? ¿O de esas mareas que tenían al marinero cuatro, cinco o seis meses embarcado en Terranova, Sudáfrica o las Malvinas casi sin pisar tierra firme ni ver a los suyos? Hoy en día eso ha cambiado, pero la idea de la pesca que pervive en el imaginario colectivo es la de un trabajo manual, muy duro y peligroso, que se desarrolla en barcos muy pequeños y exentos de comodidades en los que el descanso es una quimera. Y es cierto que el pesquero es un trabajo físico, sufrido y arriesgado, pero los avances tecnológicos y la modernización de las embarcaciones han hecho las tareas más llevaderas. Pese a todo eso, la mala imagen del sector persiste, alentando una falta de nuevas vocaciones -y de paso el abandono de las antiguas- hacia una profesión que hace años se tenía por «una salida laboral segura y una fuente de riqueza económica que permitía un estado de bienestar a la familia»; eso sí, para todos menos para el que se embarcaba. Una huida del mar que provoca grandes dificultades a los armadores para encontrar mano de obra. Trabajadores en general, porque si bien la falta de titulados es acuciante, no lo es menos la necesidad de tripulantes de base.

Esa es una de las razones que ha identificado la consultora gallega Sinerxia Plus al sondear las causas de ese descenso vocacional en una primera Encuesta sobre la situación sociolaboral y de contratación en el sector de la pesca en Galicia. Un trabajo que el equipo abordó de motu proprio al detectar los problemas que tenían los empresarios a la hora de contratar mano de obra. Y aunque, según Iván Vaqueiro, director de Desarrollo de Sinerxia, haría falta un estudio exploratorio, más estratificado por zonas y artes de pesca, lo cierto es que la consulta lanzada a 75 empresas armadoras arroja luz sobre las raíces de un problema que, según la encuesta, ha provocado que el 40 % de los marineros embarcados sean ya extranjeros.

«Ir al mar está socialmente degradado», dice Iván Vaqueiro, constatando que «en los últimos 15 años se está produciendo un cambio cultural y generacional en las zonas costeras». Cuando lo cierto es que hoy en día es un trabajo «bien remunerado» que podría solucionar la situación de personas que ahora están desempleadas.

Ahí radica otro de los problemas que ha detectado Sinerxia detrás de la falta de vocaciones: un itinerario formativo poco claro y cambiante, junto al desconocimiento de los puestos y categorías existentes, alejan del mar muchas miradas laborales. Hay un desconocimiento general de qué se requiere para embarcar en un barco pesquero. «Por ejemplo, durante la crisis muchos ingenieros se vieron en paro o aceptando empleos por 800 euros, cuando con un curso complementario de máquinas podría embarcarse y ganar más del doble».

Tampoco ayuda el hecho de que el de la pesca sea un mercado laboral «totalmente desestructurado». El que busca trabajadores no sabe dónde encontrarlos y los desempleados que quieren hallar ocupación en la pesca desconocen a dónde dirigirse. ¿El resultado? Que la intermediación queda a cargo de rederos, taxistas, inspectores o cualquier otra persona mínimamente vinculada al puerto. No hay bolsas de empleo, no hay empresas de selección ni de contratación, ni siquiera departamento de recursos humanos en las casas armadoras. Más reglada está la contratación de personal extranjero, que se hace a través de agencias que se encargan de realizar todos los trámites burocráticos, económicos y demás.

Soluciones

¿Cómo solucionarlo? Sinerxia da unos apuntes. Empezando por la promoción. «Si ya se hizo con la agricultura, con las campañas de ‘ruralízate’ o ‘vente al campo’, ¿por qué no con la pesca?», apunta Vaqueiro. El director de Sinerxia también pone de relieve el desconocimiento del sector pesquero que tienen los habitantes del interior del país y, de hecho, es algo extraordinario ver en un barco a personas de lugares sin costa. Y, sin embargo, bien podría ser este un buen «caladero de mano de obra».

Así, la divulgación de los avances en la flota y las condiciones laborales, junto a la promoción del oficio, ayudaría. Como también lo haría estructurar de manera clara la formación, promover acciones educativas específicas e incorporar la teleformación. Y, por supuesto, generar bolsas de empleo en el sector pesquero claras e identificables, sin que haya que ir a la nave de redeiros a informarse de qué barco necesita mano de obra. La búsqueda de personal se hace todavía por el boca a boca o por recomendación

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