Carmen López: «Las mujeres trabajamos mucho, pero no comemos tanto con el jefe»

La presidenta de la Asociación de Jóvenes Empresarios cree que la ambición sigue estando mejor vista en los hombres


Me reúno con Carmen López (Sarria, 1980) en el Casino de Santiago inmediatamente después de una intensa asamblea de empresarios. Será por eso que esta joven abogada se ríe mucho.

-La primera presidenta de los jóvenes empresarios gallegos. ¿Ya era hora?

-Lo cierto es que se ha ampliado mucho la presencia femenina. Cuando me llamaron apenas había mujeres. Ahora hay muchas más. Pero es cierto que me llaman de muchos sitios por ser mujer. Afortunadamente empieza a ser poco correcto que no haya mujeres en determinados ámbitos.

-No da usted el perfil del dirigente empresarial en España.

-Los presidentes de las confederaciones de empresarios tienen una media de edad bastante elevada. En cinco o diez años veremos más mujeres. Lo cierto es que muchas de estas asociaciones necesitan engancharse al carro del siglo XXI.

-¿Por qué hay tan pocas mujeres en los ámbitos de decisión?

-Estamos poco acostumbradas. Es un problema educacional. Seguramente todavía está mejor visto que un hombre sea ambicioso; a nosotras nos cuesta más decir «estoy interesada». Tenemos que acostumbrarnos a reivindicar nuestro espacio.

-En los consejos de administración son poquísimas.

-Yo tengo mi propio diagnóstico sobre eso. Cuando se nombra a alguien normalmente se hace en base a la confianza. Y las mujeres trabajamos mucho, pero no comemos tanto con el jefe; mientras que los hombres sí lo hacen. Y esa relación puede llegar a ser decisiva. En las actividades formativas que organizamos en AJE vienen muchas mujeres, pero si son de ocio, no. Y es allí donde muchas veces se establecen esas relaciones de confianza.

-A veces da la impresión de que las mujeres deben masculinizarse para triunfar.

-Sí. Nos masculinizamos y perdemos el valor; permitimos que sea más de lo mismo. Cuando organizamos una cena me doy cuenta de que las mujeres con hijos no vienen, pero los hombres con hijos sí. Se genera una obligación emocional distinta entre hombres y mujeres.

-¿Tiene usted problemas de conciliación?

-Yo no tengo hijos. Aunque la conciliación no tiene por qué ser solo familiar. Tiene que haber espacios de vida personal.

-¿Se acaba la crisis?

-¡Qué complicado! Las cosas no van a volver a ser como eran. Hay un cambio de modelo que ha dejado en el camino a mucha gente. Si todo ese sufrimiento sirve para que nos demos cuenta de que las cosas han cambiado, ya está bien. Yo creo que aún queda para que nos recuperemos.

-Siendo usted de Sarria habrá hecho el Camino de Santiago.

-Sí. Yo soy muy sarriana aunque ahora vivo a caballo entre Santiago y Lugo. El Camino lo he intentado dos veces y no lo he conseguido ninguna. La primera vez fue una promesa después de aprobar un examen, pero no pude llegar, lo tuve que acabar en autobús. Y la segunda tuve una tendinitis que también me impidió terminar.

-¿Sabe lo qué significa el término procrastinar?

-Sí, claro. Pero no puedo soportar la idea de perder el tiempo; me genera mucha ansiedad. La asociación me consume mucho tiempo y la verdad es que soy una friki de AJE. Y mi tiempo libre lo dedico a las actividades de ocio que programa la asociación. El emprendimiento es algo solitario y, si no se vive desde el asociacionismo, es peor. Compartir esos espacios de angustia con otros que pasan por lo mismo es un desahogo.

-¿Qué relación tiene con su móvil?

-Yo diría que estoy bastante pendiente. Es lo primero que miro cuando me levanto y la verdad es que le llegué a quitar el sonido al WhatsApp porque a veces los escuchaba sin que hubiera sonado. Pero eso nos pasa a todos, ¿no?

-Pues no sé. Dígame un verso que se le ocurra ahora mismo.

-¿Un verso? Yo soy más de frases: «El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo». Es de Nietzsche.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-Encontrar momentos de felicidad. Lo más importante es encontrar lo que te haga feliz, que en cada momento de la vida puede ser algo distinto. 

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