Nos invaden los gatos

Marcos Escudero FIRMA INVITADA

ECONOMÍA

21 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

El sábado, 19 de marzo, además de ser el día del padre, también fue el aniversario de la Constitución de Cádiz de 1812, la respuesta del pueblo español a las intenciones invasoras de Napoleón Bonaparte.

En el 2016 ya no es necesario defender la frontera de los Pirineos a sangre y fuego. Hoy en día, los equilibrios de poder en Europa se dirimen en el campo económico.

Si echamos un vistazo a las empresas cotizadas en la bolsa española, vemos que el 45 % de su valor está en manos de inversores extranjeros, siendo la media de la UE del 41 %.

¿Es esto preocupante? En el siglo XIX estaríamos ante un casus beli, pero a principios del XXI no es más que el fruto de la liberalización de los movimientos de capital.

Lo preocupante sería que ese descenso en el peso del accionista nacional viniese de ventas destinadas a pagar deudas. Y es así en parte. Desde la crisis, los bancos nacionales han reducido un 5 % su participación en las cotizadas españolas para tapar sus agujeros, y las empresas no financieras lo han hecho en un 8 %. Todos recordamos cuando las constructoras patrias se dedicaban a comprar bancos, eléctricas y petroleras. Y no les fue muy bien.

Esos descensos han sido compensados a partes iguales por la ya comentada inversión extranjera y por las familias. Estas últimas han subido su participación del 20 al 26 % desde el 2007.

Y hay otra parte importante de inversión nacional que se ha ido a comprar empresas allende los mares. Sin ir más lejos, estos días hemos oído que al nuevo presidente de Portugal no le gusta la idea de que la banca lusa acabe toda en manos de capital español. Esto me recuerda a los gatos cuando marcan su territorio y arañan el sofá porque consideran que es suyo.

Así que si queremos ser dueños de nuestras empresas lo que hay que hacer es gestionarlas con inteligencia y prudencia, sin asumir deudas que luego no se pueden pagar y acaban saldándose con la venta de la propiedad. En resumen, no hay que comportarse como gatos sino como personas. Y si es mucho pedir, también valdría como chimpancés, nuestro hermano y animal inteligente donde los haya.