La demanda de garantías como avales o seguros complica el acceso de las rentas bajas a casas para arrendar
12 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.No puede esperar más. A Estíbaliz (nombre supuesto) le llegó hace unas semanas un aviso del banco para que abandone su casa de Vigo en el plazo de quince días o, de lo contrario, la llevarán a juicio. Vive de alquiler y gasta en ello un total de 360 euros al mes. No tenía problema para pagar antes, pero ahora ella y sus dos pequeños fían su vida a los poco más de 500 euros de la renta de reinserción social de Galicia, la risga. «No he pagado el alquiler. Debo dos meses de renta, más otros tantos de comunidad. Tengo contrato hasta junio, pero voy a tener que marchar por no poder pagar. Ahora voy a demandar una casa a través de la bolsa de la Xunta, pero a ver qué pasa luego. Llevo en el Rexistro Único de Demandantes de Vivenda inscrita varios años, pero aún no me ha tocado nada», dice.
Busca un piso barato, pero no lo encuentra porque, aunque ha hallado alguno que podría pagar, alega que ha de contar con un aval que garantice el cobro al propietario. «Normalmente piden contrato o un aval. Fui al banco a preguntar y quieren que deje lo equivalente a seis meses de alquiler más 150 euros. No puedo pagar eso», añade. Por eso, esta madre soltera busca desesperadamente un lugar en el que poder vivir, un hogar donde no pidan garantía bancaria. «Tendré que mandar a uno de los pequeños con la exsuegra, el otro con la abuela y echaré mano de familia», cuenta. Pero no pierde la esperanza de encontrar algo. Ha puesto un anuncio en Internet.
No es la única. Al revisar las demandas de vivienda que aparecen en las páginas dedicadas a alquiler en la red hay más casos. Otro ejemplo en A Coruña es este: «¡Hola! Somos una pareja que busca un piso, que sea un 1º o tenga ascensor por motivos de movilidad, amueblado y que se pueda avalar con nuestras pensiones. Cobramos una no contributiva fija de 370 y una Rai de 426, pero después se cobraría una pensión contributiva fija de 550».
Los que tienen más problemas para arrendar un piso son los jóvenes. «Los hay que llegan con una nómina de menos de un año de antigüedad y con eso no puedes pedir un seguro de alquiler», explican desde la asociación de empresarios de inmobiliarias Aegi. En esos casos resuelven con un aval solidario. Normalmente son los padres, aunque como añaden esas fuentes, «hay padres que no responden, con lo que tienen complicado hallar un piso que les guste y que no les pidan tantas garantías». Para los que están en paro aún resulta mucho peor cuando no pueden acreditar que pueden afrontar el abono de cuotas: «A esos jóvenes obviamente ya les indicamos que por agencia no podemos tramitarles ningún alquiler y los que están cobrando paro, como mucho, hacemos un contrato por la duración del paro, después de comprobar que lo que cobran cubra el alquiler», explican desde el colectivo.
Pedir al menos un mes de fianza suele ser lo habitual. «Por ley hablamos de un mes de fianza para contratos de un año. Luego aconsejamos que pidan un seguro de alquiler. Hay casos donde no usan la última garantía y entonces se conforman con dos meses de adelanto», apuntan fuentes de Aegi. De todas formas depende de cada caso en particular y del trabajo que tenga el inquilino.
Pero el temor al impago sobrevuela sobre los propietarios de los pisos. «Hay inquilinos que entran hoy, pero mañana marchan porque no tienen trabajo o porque se divorcian o trasladan. Resulta muy complicado hallar un inquilino que dure varios años en el mismo alquiler», añaden.