Los restos de un naufragio


Por si había alguna duda, la adquisición de Novagalicia Banco (NCG) por Banesco confirma la toma de empresas y sectores clave de nuestra economía por entidades de América Latina, en una reversión casi absoluta de las tendencias que mandaban antes de la crisis. La adjudicación al banco venezolano parece que no disgusta a los actuales gestores y a los trabajadores de NCG, porque al no haber superposición alguna de redes bancarias será más fácil mantener las oficinas y la plantilla. En ese sentido, cabe destacar que si hasta ahora la llamada reforma financiera se había saldado, sobre todo, con un proceso de oligopolio creciente en el sector, esta operación al menos no da un nuevo paso en esa dirección.

Banesco ha pagado por NCG algo más de lo que se esperaba inicialmente. Pero, se mire por donde se mire, la operación deja un aroma de pesadilla consumada: recuperar 1.000 millones de los más de 9.000 que a los ciudadanos pagamos para salvar a la antigua caja -de la que siempre imaginamos, además, que valía mucho más que eso- es un fracaso de primer orden. Y es que el factor tiempo ha sido mal enemigo en todo este proceso: es muy probable que las condiciones para la venta fueran bastante mejores dentro de un par de años. Pero, ni las urgencias del ajuste presupuestario a toda costa, ni -un punto que es necesario destacar- la necesidad de que el conjunto del sistema bancario español recupere la normalidad antes de los próximos exámenes europeos, han dejado márgenes suficientes para hacer las cosas con ritmos reposados.

Con todo, las claves fundamentales para valorar la operación de venta en lo que realmente le importa a la sociedad gallega son las dos siguientes: ¿Se mantendrá la fundación y la obra social de las antiguas cajas, que tanta importancia tuvieron en el pasado en materia asistencial y cultural? Y mucho más importante: ¿La nueva situación permitirá el desbloqueo del flujo de crédito, que nos está ahogando? Imposible decirlo ahora, aunque no es mal indicio una reciente declaración del presidente del banco comprador, Juan Carlos Escotet: «Hay mucha demanda solvente de crédito sin atender».

Esa será la prueba más inmediata por la que esta venta será juzgada. Empieza el juego.

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Los restos de un naufragio