Golpe de gracia al cooperativismo

Gabriel Lemos REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

La insolvencia de Fagor cuestiona un modelo pionero de economía social

18 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

En 1956, en un pequeño taller que habían comprado en Vitoria, un grupo de cinco estudiantes de la escuela profesional de Mondragón constituyeron Ulgor, una empresa de fabricación de electrodomésticos que, con los años, se convirtió -ya de vuelta en Mondragón y bajo la marca comercial Fagor- no solo en la primera empresa por cuota de mercado en España (y la única con capital íntegramente nacional) sino en el germen de una experiencia cooperativa nucleada en torno a la Corporación Mondragón. Una apuesta por la economía social que se tambalea ante la apertura de una enorme vía de agua en su principal empresa.

¿Cómo ha llegado Fagor a esta situación?

Hasta el 2007, cuando el pinchazo de la burbuja inmobiliaria empezó a causar estragos no solo en el sector inmobiliario, sino también en las grandes industrias vinculadas a la construcción, Fagor vivió medio siglo de crecimiento sostenido apoyado en la innovación tecnológica, la atención al cliente (fue pionera en la garantía de cinco años en electrodomésticos) y la internacionalización, con la apertura de fábricas en Marruecos, Polonia y en una última fase, China y Francia. Dentro de ese proceso de expansión, Fagor adquirió en el 2005 el grupo francés Brandt, en una operación que supuso el desembolso de más de 160 millones de euros financiados mayoritariamente a crédito. Y entonces, cuando ajustaba las costuras, el mercado empezó a encoger y el traje se le quedó grande: desde el 2007, la facturación ha caído un tercio (cerró el 2012 con ventas de 1.166 millones, frente a los 1.749 de cinco años antes), lo que ha derivado en un recorte de personal que ha dejado la plantilla en una raspa de lo que fue, al pasar de los 10.500 trabajadores que había en el 2006 a los apenas 5.600 actuales. Con menos ingresos, en los últimos meses la empresa no ha podido atender alguno de sus pagos y los proveedores han cortado el suministro, dejando inactivas todas las plantas del grupo menos dos.

¿Está abocada a la liquidación?

Desde la empresa, que ayer mantuvo reuniones informativas con los trabajadores, afirman que trabajan con el objetivo de «conseguir la financiación necesaria para evitar esa fase», después de que la Corporación Mondragón le negase los 50 millones que necesitaba como el aire para atender sus obligaciones más acuciantes. Ahora, tras la presentación del preconcurso, tiene por delante un tiempo muerto de cuatro meses para lograr ese balón de oxígeno sin la presión de que cualquier acreedor pueda instarle un concurso necesario por impago de alguna deuda. Pero lo cierto es que el panorama inmediato pinta muy negro: las dos factorías aún operativas cerrarán en cuanto se acaben los suministros, una de ellas hoy mismo, y lo único seguro es que no reabrirán salvo que se alcance un acuerdo para refinanciar la deuda, que supera los mil millones.

¿Qué pasará con los trabajadores?

El régimen de cooperativa por el que se rige Fagor hace que el futuro de los trabajadores, que son además propietarios de la empresa, sea más incierto que en otros sectores. Solo el de los 200 empleados de su filial Edesa, que están afiliados al régimen general de la Seguridad Social está despejado, ya que pasarán a cobrar el paro. Mientras, los cerca de dos mil cooperativistas que componen la masa laboral de Fagor en el País Vasco tienen ante sí varios escenarios: los mayores de 55 podrán acogerse a una prejubilación, mientras que, para el resto, la Corporación Mondragón abrirá una oficina de empleo para intentar recolocar en otras cooperativas que tengan vacantes al mayor número de trabajadores posible. Pero, ante la certeza de que será casi imposible absorber todo el empleo que destruya Fagor, será la aseguradora de la corporación, Lagun Aro, la que abone una prestación por desempleo equivalente al 80 % de su salario mensual a quien no sea recolocado.

¿Cómo afecta la crisis al modelo cooperativista del grupo Mondragón?

La negativa del brazo financiero de la corporación a realizar una nueva inyección de liquidez, como demandaba Fagor, ha roto una de las máximas del modelo de Mondragón, en el que las cooperativas tenían por norma acudir de forma solidaria al rescate de las empresas de la corporación que necesitasen auxilio. Así lo habían hecho por última vez en mayo, cuando constituyeron un fondo de 70 millones para garantizar la supervivencia de Fagor, pero cinco meses después han dicho basta, alegando que la situación en el resto de las cooperativas tampoco es boyante y que obligarlas a realizar un nuevo esfuerzo podría comprometer su estabilidad sin garantías de que eso despejase el futuro de Fagor.

¿Qué les espera a los ahorradores con subordinadas del grupo?

Además de los trabajadores, el colectivo que queda más expuesto con el preconcurso de Fagor son las más de diez mil personas que depositaron sus ahorros en subordinadas de la empresa, un producto similar a las preferentes del que se colocaron 185 millones en participaciones entre los años 2003 y 2006 a través de entidades financieras para mejorar el balance de la firma. En caso de que no se cierre un acuerdo de refinanciación y se presente el concurso o se vaya a la liquidación, estos ahorradores se quedarían a la cola de los acreedores y serían los penúltimos en cobrar, solo antes de los cooperativistas.