Rabat torpedea la entrada de los cefalopoderos gallegos en sus aguas

Da licencias, pero no deja vender la pota y el marisco que pesquen


Redacción / La Voz

Entrar, sobre el papel, sí los deja entrar. Pero en la práctica, con las condiciones impuestas, Rabat está negando sus aguas a la flota cefalopodera gallega que, tras su expulsión de Mauritania veía en el acuerdo con Marruecos una posibilidad de recolocar a una parte (5 barcos) de los 21 arrastreros que están amarrados a puerto por falta de caladero. Esos pesqueros, casi todos de O Morrazo, junto a los atuneros cerqueros congeladores -a los que Rabat ha dado un claro y rotundo portazo-, son los grandes defraudados del protocolo pesquero que ayer firmaron en la capital marroquí los representantes de la Unión Europea y los del reino alauí.

El texto guarda cinco licencias para arrastreros de hasta 600 GT (toneladas de arqueo), que podrán faenar en fondos superiores a 200 metros, y 11 autorizaciones para palangreros de fondo de hasta 150 GT que podrían operar a partir de las 12 millas de la costa. Claro que, para obtenerlas, hay que comprometerse a desembarcar el 30 % de las mareas que se realicen y embarcar en la tripulación a siete marroquíes si se trata de un arrastrero y cuatro si el barco opera con palangre. Si el número de marineros extranjeros es ya excesivo -pues, según la patronal Cepesca, su cualificación profesional no siempre es la adecuada-, la imposibilidad de poder comercializar las capturas de calamar, pota y crustáceos y los 60 euros por GT que tendrán que pagar al trimestre no los rentabiliza ni todo el sable, merluza negra y palometa que puedan capturar con ese 5 % de tiburones de profundidad que se permite (a los palangreros).

En definitiva, que Galicia se queda fuera de Marruecos, según confirma el presidente de la Asociación Nacional de Cefalopoderos (Anacef), Francisco Freire, con esos condicionantes «non haberá quen vaia».

España, satisfecha

Es un pacto que, en términos generales, satisface tanto al Gobierno español como a la patronal pesquera Cepesca, pues permitirá faenar en el caladero africano a 126 barcos europeos, de los que casi un centenar españoles con base en puertos andaluces y canarios, a los que, además, les mejoran las condiciones que tenían en el anterior protocolo, el que finalmente se rompió en diciembre del 2011 porque no obtuvo el visto bueno del Parlamento Europeo.

Ese recuerdo -la flota tuvo que abandonar el caladero precipitadamente- es lo que ha disuadido a los marroquíes de permitir la aplicación provisional, así que lo firmado ayer no se materializará hasta que UE y Eurocámara hayan dado su beneplácito. Seis meses, calcula Cepesca.

Serán 16 por acceder a las aguas, 14 por cooperación y 10 por las licencias.

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