Afectados por las preferentes de Gondomar, Boiro y O Rosal recibieron el 2013 encerrados
02 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.«Ha sido el Fin de Año más triste de nuestra vida». La emotividad está a flor de piel mientras toman las uvas en el Concello de Gondomar. Los afectados de este municipio, pioneros en el encierro que desató el efecto dominó en Galicia, cumplen mañana su primer mes fuera de casa. «Nuestro propósito es incorruptible pero la tristeza hoy [por el lunes] se dispara», dice una de las portavoces, Rocío Cambra. Ni las uvas, ni la comida donada por otros vecinos, ni los adornos, ni el hecho de ser medio centenar, mitiga la amargura de no poder estar con las familias.
Es la tónica que invadió también, a cuarenta kilómetros, el Ayuntamiento de O Rosal. Portavoces de las dos plataformas confirman que la tristeza ha sido la nota dominante de las últimas 48 horas: «No la entendemos como una debilidad sino como una fortaleza porque estamos aquí por nuestras familias», recuerda Cambra. En la misma línea, desde O Rosal, Xulio Vicente González, señala: «O noso desexo é un segredo a voces, todos sabemos cal é e ningún vai renunciar».
Empiezan el 2013 con fuerza: «Imos persistir con dignidade; o Goberno central e a Xunta son os donos de Novagalicia Banco, por iso cada vez vai haber máis peches en concellos do PP para que cada alcalde se posicione persoalmente cos veciños ou co PP». «Estes días tivemos que facer turnos porque hai que atender aos nenos e maiores, pero non imos parar ata a devolución íntegra», señaló. Desde Cangas también consideran que «se ha pasado lo más duro, por lo que estamos preparados para lo que sea». «Éramos 30 en el cajero tomando las uvas, incluido el alcalde con su familia», indicó Sonia Pardo.
También entre los afectados de Arousa norte cundía la melancolía. La plataforma hizo un llamamiento para que los vecinos se uniesen a los encerrados en el Concello de Boiro y los acompañaran a las doce de la noche. En la plaza se juntó un pequeño grupo, la mayoría de familias con preferentes, y también estuvo el presidente de la patronal. Desde dentro, con una radio y un megáfono, se retransmitieron las campanadas.
Cada historia es un drama, pero no falta la fuerza: «Imos seguir adiante co pouco que nos queda. A ver se co novo ano recuperamos o que é noso», dice José Antonio Triñanes, un rianxeiro de 54 años con tres hijos al que la construcción ha dejado en el paro. El 2013 llegó, pero los encerrados no estaban alegres: «Estar así non che anima nada».
A Triñanes lo acompaña su mujer, pero José Luis Mariño ha venido solo desde Portosín, a unos veinte kilómetros, porque en casa hay que atender a los enfermos. Durante muchos años vivió las Navidades solo en Terranova: «Cando andaba a navegar pasábao mal, pero sabía que gañaba os cartos para a familia. Agora teño que pasalas encerrado en Boiro para que me dean o que é meu».