Los cefalopoderos gallegos que ven peligrar el caladero de Mauritania ya han tenido que salir de Marruecos y perdido Senegal y Guinea-Bisáu
15 jul 2012 . Actualizado a las 06:00 h.La flota arrastrera congeladora especializada en la pesca de cefalópodos semeja de una casta distinta a las demás modalidades pesqueras. Y no solo porque parecen tener una patria propia, la de los puertos de O Morrazo, sino porque también parecen condenados al éxodo. La mayor parte de esas 24 embarcaciones que ahora ven peligrar su permanencia en aguas de Mauritania son las que ya en su día fueron expulsadas de Marruecos, al finiquitarse en 1999 el acuerdo pesquero entre la Unión Europea y Rabat, y los que han perdido los caladeros de Senegal y más recientemente el de Guinea-Bisáu por falta de seguridad jurídica.
Los cefalopoderos están faenando estos días con normalidad en aguas mauritanas. Toda la normalidad que les permite la intranquilidad de ver caer hojas del calendario acercándose al decisivo 31 de julio sin saber si el 1 de agosto podrán seguir en esa patria de acogida o tendrán que hacer las maletas y emprender un nuevo éxodo. Y esta vez el definitivo, pues una eventual expulsión de Mauritania no puede tener otro destino más que la vuelta al terruño, a la jubilación forzosa, ya sea en Cangas, Marín, Bueu o Vigo.
Renovación complicada
Las noticias que llegan no son nada halagüeñas. La comisaria de Pesca, Maria Damanaki, admite que la renovación del protocolo está más que complicada, principalmente por las ambiciones económicas de Nuakchot y por la preocupación comunitaria de que los stocks de pulpo y calamar no están en buena situación, a decir de la Comisión.
Tan compleja que el propio ministro de Agricultura español, Miguel Arias Cañete, tuvo que ir el mes pasado a Mauritania a intentar dar un impulso a la negociación. El empujón no tuvo el efecto deseado, ya que la sexta ronda de negociaciones se cerró con fracaso.
La séptima arrancará el día 23 y los cefalopoderos confían en obtener ahí un nuevo visado para continuar en esas aguas.
Aunque casi todos los 24 cefalopoderos tienen su base administrativa en Las Palmas, su capital es gallego. En Galicia se pertrechan y en Galicia consiguen la tripulación no mauritana que pueden llevar. Según los cálculos del sector son en torno a 400 marineros, también, como los barcos, oriundos de O Morrazo.
Nacidos para el Sáhara
Este segmento de flota nació para trabajar en Marruecos. Mejor dicho, para pescar en las aguas del Sáhara que, por entonces, a principios de los 70, eran españolas. Llegó a haber 240 cefalopoderos y su declive empezó poco después de la marcha verde. Aunque sobre el papel la flota española podía pescar en aguas saharauis durante 20 años más después del 75, lo cierto es que en el 79, una patrullera marroquí apresó a un barco español y, para resolver los problemas hubo que firmar un acuerdo de pesca, el mismo que estuvo vigente hasta el 86, cuando los firmantes pasaron a ser Bruselas y Rabat. Repitieron en el 86, en el 96 y en el 99, último protocolo para los cefalopoderos. Quedaban ya solo 75.
En el camino, la UE buscó aguas alternativas para esta flota: las de Mauritania, donde se exiliaron 55 de los expulsados de Marruecos en el 99. Quizá ahora los 24 que sobreviven estén también condenados al éxodo.
una flota en peligro el incierto futuro del protocolo de pesca con mauritania