El banquero que trató de prolongar su poder después de haberlo perdido

Entró hace 65 años como auxiliar administrativo en la caja que dirigía desde 1965


vigo / la voz

Un candidato a la alcaldía de Vigo respiraba hace años tras haber presentado sus planes electorales y proyectos para la ciudad a Julio Fernández Gayoso. Tras la entrevista, el aspirante a candidato salió puerilmente -reconocía después- convencido de haberse ganado al entonces director general de Caixanova y, con ello, allanado la carrera hacia el bastón de mando. «Sin su visto bueno no tendría nada que hacer», justificaba el político, que llegaría a alcalde, para atribuir al dirigente financiero la llave maestra de las relaciones empresariales y sociales de media Galicia.

«Realmente su poder manaba de las ayudas y respaldos que desde la caja, y solo con su visto bueno, se denegaban o concedían a políticos, empresarios, instituciones o grupos sociales, que en caso positivo le quedaban eternamente agradecidos y en deuda», argumenta un industrial que, pese a su tono crítico, admite haber sido bien tratado por el ahora dimitido.

La importancia de esas relaciones, de ganarse la consideración pública y de ser visto casi como un juez social y político en su entorno de influencia le fue transmitida por su mentor, Rafael Portanet, uno de los últimos alcaldes vigueses del franquismo. Con su apoyo, Julio Fernández Gayoso dio el salto definitivo en la caja en la que había entrado como auxiliar y no como botones, como la leyenda ha tratado de rellenar los primeros años profesionales del financiero nacido en Vigo el 8 de diciembre de 1931.

Doble oportunidad

Su padre repartía el trabajo entre los peones contratados por el Ayuntamiento, mientras él cursaba sus estudios en el colegio de los Maristas. El destino lo llevó a la Escuela de Comercio, compaginando trabajo y estudios, algo que resultaría vital para su trayectoria posterior.

Contable de empresas y profesor mercantil, Fernández Gayoso tuvo la oportunidad de dar clase a un yerno del alcalde y también mantener el orden en las cuentas de las empresas de combustibles y gasolineras del regidor, circunstancias que harían que Rafael Portanet pensase en él primero para formar un gabinete técnico en el consistorio y abrirle espacio en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal de Vigo cuando, por su condición de alcalde, el político accedió la presidencia de la institución.

De la mano de un alcalde

Gayoso, que había comenzado con 16 años como auxiliar de contabilidad, apenas una década después ya era el jefe de contabilidad, fruto de haber obtenido las mejores notas en los concursos internos.

Como secretario del director general saltó por sorpresa de la mano de Portanet a la dirección general. Contaba entonces 34 años de edad y ya nunca más abandonó hasta ayer el despacho principal del edificio de García Barbón, cuya remodelación apenas le acaba de dar tiempo de disfrutar.

En todo ese tiempo, en la caja no ha habido decisión, por intrascendente que fuese, que se haya tomado sin su participación. «Todo pasaba por él», reconoce un profesional contratado en ocasiones por el equipo que lideraba Gayoso. «Pero todo, es todo», recalca. Desde el visto bueno a la compra de arte para los fondos de la entidad, la presentación de la agenda cultural de la caja de ahorros, además de la concesión de las ayudas económicas más estratégicas son atribuidas al ahora dimisionario, pese a que el panel de mando de la organización nunca fue pequeño.

Omnipresente

Quienes le conocen apuntan que esa disposición a la omnipresencia fue la que le empujó sin rubor a cambiar las normas internas y retorcer las leyes para poder mantenerse en el poder más allá de los límites marcados por la edad. «Ahora la gente aguanta bien hasta los cien», dijo en una de sus frases cortas a la prensa cuando transformó la presidencia de la caja de cargo institucional a puesto ejecutivo para prolongar su poder, cuando realmente ya había empezado a perderlo.

Antes ya había modificado los estatutos de la entidad en 1995 y en el 2000 para lograr posponer la edad de jubilación forzosa del director general de la entidad financiera.

«No entiendo lo que ha hecho Julio en los últimos años, no entiendo cómo con su visión aún no se ha dado cuenta de que en la vida es muy importante saber envejecer y no conviene estirar la posición hasta el punto de estropear lo que ha sido una gran labor en el terreno social, educativo y cultural», analiza un economista gallego que le conoce bien.

Por la puerta de atrás

«Eso es cierto -apunta otro analista del mismo ramo-, porque ahora nadie se acordará de las más de dos mil viviendas que impulsó para crear el polígono de Coia o el nacimiento del Colegio Universitario de Vigo. Pero es lo que tiene el poder, pudo haberse ido por la puerta grande, pero después de 65 años en la caja acaba saliendo por la de atrás».

«Lleva muy mal eso de que no lo llamen tanto como antes», apuntan fuentes situadas en su entorno más próximo, porque ese es el síntoma más evidente de que el poder atesorado durante años, como todo, un día, de golpe, se puede dejar de tener.

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